Cap81

Sin embargo Miky tuvo muy claro desde que vio a Atu que él iba a ser quien le acompañara. No sabía bien qué era, pero algo había en sus ojos que le inspiraba confianza. Veía nobleza, que era para él razón más que suficiente.

_“Gracias a los dos, pero creo de veras que él es el más adecuado para el puesto.”

_“Muy bien Miky. Tuya es la decisión. Espero que no te equivoques.”

Y no se equivocó. Atu fue el mejor compañero que nadie hubiera podido desear. Le acompañó por todas las zonas que Miguel quiso explorar sin rechistar ni una sola vez. Soportó y ayudó a Miky a soportar las duras noches que pasaron en el desierto durmiendo en una simple tienda de campaña que apenas les protegía del frío. Temieron juntos la posibilidad de un ataque, que gracias a Dios nunca hubo. Pero cuando pasaron los días y Miguel se convenció de que era imposible decidirse entre millones y millones de granos de arena, Atu fue lo más entusiasta  que pudo ante la decisión de Miky de  pararse ante un montículo, similar a cualquier otro, y decir que ése sería el lugar idóneo.

_____

Miguel creyó oir gritar su nombre fuera de su casa. Al abrir, vio cómo Luis, uno de los voluntarios, traía en sus brazos el cuerpo desfallecido de una mujer. Sin preguntar, le dijo de tumbarla en la cama y taparla con unas mantas. Sólo entonces, miró inquisitivamente a Luis, que rápidamente le contó cómo había salido a buscar agua al pozo, y había visto una figura montada sobre un camello acercándose al poblado. Al principio se había asustado, pero al ver que era una mujer se acercó para ayudarla, y justo en ese momento se desmayó. Miky se quedó sorprendido. Pero apenas tuvo tiempo de pensar nada, porque de pronto, la mujer despertó, se irguió y dijo algo en una lengua que nadie pudo entender. Lo primero que hizo Miguel, una vez que Luis le dio de beber, fue sentarse a su lado y cogerle las manos con dulzura, para que la mujer no sintiera temor. Sin embargo,

Cap 80 arreglado

Hizo una breve pausa y miró a John.

_“Bueno John. Iba a ser una sorpresa, pero creo que este momento es el más propicio para decírtelo. He pensado que te gustaría hacer un safari.”

John no sabía qué decir. No se lo esperaba. ¡Un safari! Joss volvió a mirar a Miguel.

_“Los parques naturales se encuentran al norte del país. Primero te llevaremos al poblado.”

          El pueblo resultó ser un tranquilo lugar, cuyo cálido recibimiento rápidamente infundió confianza en Miguel. Joss explicó al jefe lo que quería su amigo, explorar esa zona para elegir el lugar adecuado donde poder construir su poblado. Encantado  con la idea, no tardó en convocar a los guerreros que creía más intrépidos para esa misión. Fue un joven llamado Atu quien aceleró la elección, ofreciéndose para el trabajo. Miguel pensó al verle que Atu era una persona de constitución fuerte y al mismo tiempo aspecto agradable y sonrisa fácil. Si tenía que estar mucho tiempo deambulando por el desierto con una persona recién conocida, más le valía que fuera alguien de su gusto. Y desde luego era imprescindible la condición física. Atu aparentaba unos veinteypocos años, tenía un cuerpo de piel no muy oscura, como todos los de su tribu, y unos hombros anchos y sin duda muy fuertes. Además demostró con su rápido ofrecimiento tener espíritu aventurero. John, más desconfiado, le había dicho:

_“Miky, no pienses que porque haya aceptado el puesto tan deprisa, quiera eso decir que sea voluntarioso. Puede simplemente que esté harto de la vida en el poblado, y vea en tu ofrecimiento el modo perfecto de salir unos días de aquí.”

El embajador añadió:

“_Tiene razón,  Miguel. No es que quiera descorazonarte, pero como comprenderás, conozco bastante el carácter de estas gentes. Son tribus de costumbres ancestrales, donde el jefe decide lo que hacen los demás hombres; si este chico se ofrece es porque sabe que su jefe debe elegir a alguien y ha tenido suerte de que su rápida disposición haya sido bien vista. Vamos, que a lo mejor es cierto que quiere ir, pero yo que tú desconfiaba.”

Cap 80

Hizo una breve pausa y miró a John.
“Bueno John. Iba a ser una sorpresa, pero creo que este momento es el más propicio para decírtelo. He pensado que te gustaría hacer un safari.” John no sabía qué decir. No se lo esperaba. ¡Un safari! Joss volvió a mirar a Miguel. “Los parques naturales se encuentran al norte del país. Primero te llevaremos al poblado.”

El pueblo resultó ser un tranquilo lugar, cuyo cálido recibimiento rápidamente infundió confianza en Miguel. Joss explicó al jefe lo que quería su amigo, explorar esa zona para elegir el lugar adecuado donde poder construir su poblado. Encantado  con la idea, no tardó en convocar a los guerreros que creía más intrépidos para esa misión. Fue un joven llamado Atu quien aceleró la elección, ofreciéndose para el trabajo. Miguel pensó al verle que Atu era una persona de constitución fuerte y al mismo tiempo aspecto agradable y sonrisa fácil. Si tenía que estar mucho tiempo deambulando por el desierto con una persona recién conocida, más le valía que fuera alguien de su gusto. Y desde luego era imprescindible la condición física. Atu aparentaba unos veinteypocos años, tenía un cuerpo de piel no muy oscura, como todos los de su tribu, y unos hombros anchos y sin duda muy fuertes. Además demostró con su rápido ofrecimiento tener espíritu aventurero. John, más desconfiado, le había dicho:

_“Miky, no pienses que porque haya aceptado el puesto tan deprisa, quiera eso decir que sea voluntarioso. Puede simplemente que esté harto de la vida en el poblado, y vea en tu ofrecimiento el modo perfecto de salir unos días de aquí.”
El embajador añadió:
“_Tiene razón, Miguel. No es que quiera descorazonarte, pero como comprenderás, conozco bastante el carácter de estas gentes. Son tribus de costumbres ancestrales, donde el jefe decide lo que hacen los demás hombres; si este chico se ofrece es porque sabe que su jefe debe elegir a alguien y ha tenido suerte de que su rápida disposición haya sido bien vista. Vamos, que a lo mejor es cierto que quiere ir, pero yo que tú desconfiaba.”

EN ÁFRICA Cap79

Tras largos días de viaje, por fin llegaron a su destino, el puerto de Namibia. El padre Paulino le había hablado con cautela de África, rogándole que nunca se dejara llevar por su excesiva bondad, que tuviera mucho cuidado.

Miguel sabía que el Padre estaba en lo cierto, por  eso pensó que fue una suerte cuando le confió a John Folk sus temores, y éste rápidamente le tranquilizó diciendo:

_“¡No te preocupes  Miky! Iremos directamente a ver al embajador de Estados Unidos. Es amigo mío desde la primera vez que vine aquí. Le llamé anunciándole mi llegada, y va a venir a buscarme. Conociendo su forma de ser, cuando le contemos a qué vienes al país, se quedará tan encantado que te ayudará en todo lo que le pidas, seguro.”

          Efectivamente, el embajador resultó ser una buena persona que enseguida quedó impresionado al oír la historia de Miguel.

_“Por supuesto que te ayudaré. Será un honor además. Y si me permites, un consejo.”

Joss Gallager, que así se llamaba, se recostó en su sillón giratorio, y lo volteó para mirar al mar, cuya preciosa panorámica se veía desde la ventana.

_“¿Es bonito verdad?   Da tranquilidad mirarlo.” Se volvió a girar hacia ellos, “pero no creas que todo es tranquilo aquí. El desierto puede ser hermoso, pero es muy engañoso. Puedes tener encuentros… desagradables. Conozco una tribu bastante pacífica en una zona que me parece apta para tus propósitos y te ayudará. Sé de qué hablo Miguel.”

_“Le creo. Y además tuve la suerte de conseguir un grupo de voluntarios que se mostró entusiasmado y enseguida aceptó ayudarme.”

_“Y yo te facilitaré mano de obra. Hay mucha gente aquí que desea trabajar. Verás, la forma de pensar de los africanos no es  como la de los europeos, o los americanos. Ellos son felices simplemente trabajando… el pueblo africano es un pueblo trabajador. Lástima que no tengan ocasión de demostrarlo.”

_“Pues conmigo la tendrán. Gracias señor Gallager.”

Cap78

Y ¿sabes qué?” cogió a John de la mano, mientras éste le miraba fijamente “esa idea siempre me ha dado paz. Y la paz del alma, que es la que tú necesitas, la que tú buscas cuando pides ayuda, esa sólo te la puede dar Dios.”

John se quedó un rato pensativo.

_“¿Tú crees que Dios se ha llevado a mi mujer para algo?”

_“Estoy seguro. No sé bien para qué pero… vamos a ver, ¿tu mujer en qué trabajaba?”

_“Ella era psicóloga.”

_“Pues  ahí tienes la clave. En el cielo anda muchísima gente que llega confundida, que ignorando la infinita misericordia de Dios no acaba de entender bien dónde está ni por qué, y necesita a alguien que les ayude. Y ahí entra tu mujer.”

Sabía que ésa no era una explicación demasiado teológica, pero John necesitaba creer. Necesitaba fe. Ya conseguiría que esa fe madurara.

_“¡Tienes razón!”

Probablemente John tampoco estaba completamente convencido, pero la idea de hallar un camino distinto y mejor del que estaba llevando desde que su esposa falleciera, le resultaba sin duda muy atractiva. Sin decir nada, se irguió y besó a Miky. Un fuerte pinchazo en la cabeza le recordó que había bebido mucho. Se recostó de nuevo.

_“No volveré a beber tanto Miky, te lo prometo.”

Los ojos se le cerraban, y Miky dijo:

_“Bueno, duérmete. Ahora es lo que más necesitas.”

Cuando vio que su amigo se había dormido, se levantó, y con cuidado para no despertarle, abrió suavemente la puerta y salió.

Cap 77

Una vez en el camarote, con John finalmente acostado, Miguel se sentó a su lado, esperando a que su amigo se tranquilizara y dijera algo. Por fin, varios minutos después John abrió los ojos.

_»¡Ayúdame por favor, ayúdame si puedes, Miky!”

_“Puedo. Dios me ha dado poder para ayudarte.”

_“¿Y por qué Dios no ayudó a mi mujer, por qué, por qué?” Sollozando, continuó “y ahora me he quedado solo, y no puedo olvidarla. ¿Entiendes por qué bebo?”

_“Beber no es una ayuda, John, y tú lo que quieres es una ayuda. La bebida sólo te reconforta por un momento. Y tú necesitas algo que te serene el corazón y te haga ver que todavía te queda mucho por hacer, y que para ello debes estar sobrio. Dios te va a ayudar. Yo no puedo explicarte por qué se llevó a tu mujer. Eso, Él solo lo sabe. Lo que sí te puedo decir es que Él siempre ha sido mi mayor fuente de consuelo en todos los momentos difíciles de mi vida. Y siempre me ha ayudado, incluso cuando no me ha dado lo que le he pedido. Al final, siempre tiene razón; por eso creo que cuando me da aquello que no le pido, aun cuando no lo entiendo, también tiene razón.

Cap 76

Abrió la puerta. Un camarero, visiblemente asustado, miró primero a Miguel y luego dirigió su vista al cuarto. Viendo el misal abierto encima de la cama, supo que le había interrumpido. Atropelladamente dijo:

_“Perdone que le moleste a estas horas Padre. Verá, es que su amigo, el señor americano… bueno… está completamente borracho… y se comporta…no hace caso, y como usted parece conocerle mejor que nadie… el capitán pregunta si podría intentar calmarlo.”

_“Claro, por supuesto.”

Y cogiendo la llave de su mesilla, se dirigieron presurosos hacia el comedor de la primera clase.

Cuando llegaron, el espectáculo era lamentable: el señor Folk estaba apoyado sobre la mesa de un matrimonio mayor y, con su copa en la mano, vociferaba algo, con una voz tan pastosa que Miky no pudo entender. Acercándose a la mesa, oyó que John farfullaba:

 _“Esto, esto, es lo único que permite olvidar ¡hips! Olvidar el mal de amores! Digan ¡hips! Digan ustedes, ¿ustedes siempre han sido felices en su matrimonio?”

Indignado, Miky cogió por el brazo a su amigo, que al verle, se puso a llorar y abrazándole, gimoteó en su hombro:

_“¡Miky!.. Miky, perdóname. Dile a tu Dios que me perdone. Él no sabe lo que es perder a alguien…”

_“Él sabe algo mucho peor. Él sabe lo que es perder el amor de sus hijos. Y además lleva muchísimo tiempo soportando esa pérdida. Vamos.”

 Y agarrando a John  por la cintura, entre él y el camarero lograron sacarlo del comedor, con gran alivio de los pasajeros, y sobretodo del capitán, cuyo agradecimiento  fue tan grande que no paró hasta que logró convencer a Miguel de aceptar un camarote de primera clase donde sin duda estaría mucho mejor atendido. Además el capitán pensó, con buen juicio, que la cercanía del camarote del Padre y el del americano le aseguraba una cierta tranquilidad. No quería que volviera a producirse un incidente como el de esa noche.

Cap 75

Miguel, educadamente, no se había atrevido a preguntar. Pero aquella tarde su amigo le dijo que era dueño de una empresa eléctrica.  

_»Hace unos años” continuó John “hice un viaje con mi mujer a Namibia. Los dos quedamos impresionados por la belleza del país. Es un lugar único. Prometimos volver.”

John calló de pronto y palideció. Miguel, presintiendo alguna desgracia, permaneció en silencio, esperando a que él terminara. Pasado un rato, John continuó:

_“Al poco de regresar, mi mujer enfermó. Un cáncer fulminante se la llevó en pocos días.”

Miguel cogió la mano de su amigo, y dijo:

_“Lo siento muchísimo John.”

Él  esbozó una sonrisa visiblemente forzada.

_“Durante nuestro viaje, visitamos un poblado del que mi mujer quedó absolutamente fascinada. Gente sencilla, amable, generosa. A pesar de no tener casi nada, lo poco que poseían nos lo ofrecieron con alegría. Pasamos unos días maravillosos con ellos, en los que nos dimos cuenta de que uno de sus grandes problemas se debía al suministro de la electricidad.”

_“Entiendo. Y a eso has venido, claro.”

Miguel no pudo evitar añadir:

“Ten por seguro que tu mujer, desde el cielo, te estará mirando orgullosa.”

John, algo escéptico, aunque intentando disimularlo, sonrió a Miky agradecido. Éste, mirando su reloj, y más que nada adivinando el estado de melancolía de su amigo, dijo:

_“Ya es tarde. Creo que es mejor retirarnos.”

“_Tienes razón”, y levantándose sonrió a Miguel, esta vez sinceramente. Ambos se dirigieron hacia el interior del barco.

me excuso

Nochebuena, Navidad, y ¡a playa san Juan para celebrar el nuevo año!

Acabo de volver y os voy a resarcir

Cap 74

_“¡Mira Miky, la estrella no titila!”

_“¡Es cierto, y cuanto brilla!”

Y poniendo su mano sobre el hombro de su amigo, le dijo lleno de esperanza:

_“Tal vez tú te estés convirtiendo.”

_“No lo creo Miky, de veras quisiera, pero no puedo.”

Se levantó y fue hacia la borda. Miguel le siguió.

_“Mira todas las estrellas que hay en el cielo; y cuantas que no alcanzamos a ver… ¿te imaginas cuanto tuvo que llorar Dios?”

_“Es sólo una leyenda.”

_“Tal vez, pero Dios no es una leyenda.”

John miró a Miky con tristeza, y dijo:

_“Lo siento. Creo que voy a acostarme, estoy algo cansado.”

Y despidiéndose cariñosamente, se dijeron adiós, prometiendo  verse al día siguiente.

          Cada día que pasaba, John y Miguel  encontraban nuevos temas de que hablar. Con frecuencia, se les veía sentados cómodamente en la cubierta, John con algún licor, Miguel con un refresco, disfrutando del buen tiempo que les acompañó todo el viaje, y charlando animadamente. Fue así como Miguel descubriría un compañero de viaje ameno y culto, que le contaría unas vivencias totalmente distintas de las suyas en el pueblo, pero no por ello menos interesantes para él. Y sin embargo no sería hasta bastante más tarde, cuando Miky descubriría un hecho que marcó la vida de su amigo.

          Días después, el propio John fue quien dijo: _“Bueno, tú me has dicho la razón de tu viaje. Creo que debería decirte la mía.”