Himno

¿Habrá dolor más intenso que tu dolor dolorido? ¿Habrá, Señora, un gemido más soledoso y más denso que el que te enluta, hondo y tenso, de morada y negra toca? ¡Oh turba que pasáis loca, hijas de Jerusalén, mirad la bondad sin bien: mojad con hiel vuestra boca! ¿No son más blandas las piedras y más compasivo el cielo que mi corazón sin duelo, cuando tú, como las hiedras junto a la cruz, no te arredras de ahogarte en esos oleajes de hiel? Obscuros celajes envolvían el Calvario, y tú eras, Madre, el sudario de aquel diluvio de ultrajes. Dame ese llanto bendito para llorar mis pecados; dame esos clavos clavados, esa corona, ese grito, ese puñal, ese escrito y esa cruz para loarte, para urgirte y consolarte, Oh Virgen de los Dolores, para ir sembrando de flores tu viacrucis parte a parte. Amén.

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