1, 2, 3,… TODO

FÁBULA

En algún lugar del mundo, había una selva atravesada por un río. Allí convivían animales de varias especies, de formas, tamaños y costumbres diferentes.

Un día, se desató un gran incendio y todos los bichos huyeron a cobijarse en otros lugares. Sólo un picaflor se quedó en el bosque, volando de aquí para allá, enfrentando el peligro. Con su pequeño pico, tomaba agua del arroyo y la volcaba sobre las llamas. Así lo hacía una y otra vez, incansablemente…

Un elefante lo observaba de lejos… Con sorna, le preguntó:

–Che, picaflor… ¿Vos creés que con las pocas gotas de agua que cargás en tu piquito vas a poder apagar tanto fuego?—.

Sin cesar en su tarea, el picaflor le contestó:

–Yo sólo hago mi parte…–

Es una fábula -argentina parece- hermosísima. Todos debemos hacer nuestra parte, por pequeña que pueda parecer, siempre que pensemos que esa causa merece una ayuda.

Y oye, mi parte, tu parte y muchas partes acabarán apagando el fuego. Seguro.