Ser´´a PAZ

Hola Ya sé que llevo demasiado tiempo sin escribir ,lo siento. Estoy algo desganada. Tristona. Mi madre no está nada bien.

Y es extraño. A pesar de saberme en un momento complicado de mi vida, hay días en que siento una paz interior y una tranquilidad tan grande que sólo me lo puedo explicar _y así lo hago_ sabiendo como s´´e, gracias a mi (escasa ) fe, que es El Señor que me deja sentir para tranquilizarme por un instante un suced´´aneo de la paz que sentirá mam´´a cuando alcance su Reino.

Como siempre, gracias Señor.

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Himno

¿Habrá dolor más intenso que tu dolor dolorido? ¿Habrá, Señora, un gemido más soledoso y más denso que el que te enluta, hondo y tenso, de morada y negra toca? ¡Oh turba que pasáis loca, hijas de Jerusalén, mirad la bondad sin bien: mojad con hiel vuestra boca! ¿No son más blandas las piedras y más compasivo el cielo que mi corazón sin duelo, cuando tú, como las hiedras junto a la cruz, no te arredras de ahogarte en esos oleajes de hiel? Obscuros celajes envolvían el Calvario, y tú eras, Madre, el sudario de aquel diluvio de ultrajes. Dame ese llanto bendito para llorar mis pecados; dame esos clavos clavados, esa corona, ese grito, ese puñal, ese escrito y esa cruz para loarte, para urgirte y consolarte, Oh Virgen de los Dolores, para ir sembrando de flores tu viacrucis parte a parte. Amén.

De un salmo

Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre.

¿Qué hace un niño en brazos de su madre? De recién nacido busca alimento , cuando crece, busca amor . Nada más . Y ásì son felices.

Imitémosles.

1, 2, 3,… TODO

FÁBULA

En algún lugar del mundo, había una selva atravesada por un río. Allí convivían animales de varias especies, de formas, tamaños y costumbres diferentes.

Un día, se desató un gran incendio y todos los bichos huyeron a cobijarse en otros lugares. Sólo un picaflor se quedó en el bosque, volando de aquí para allá, enfrentando el peligro. Con su pequeño pico, tomaba agua del arroyo y la volcaba sobre las llamas. Así lo hacía una y otra vez, incansablemente…

Un elefante lo observaba de lejos… Con sorna, le preguntó:

–Che, picaflor… ¿Vos creés que con las pocas gotas de agua que cargás en tu piquito vas a poder apagar tanto fuego?—.

Sin cesar en su tarea, el picaflor le contestó:

–Yo sólo hago mi parte…–

Es una fábula -argentina parece- hermosísima. Todos debemos hacer nuestra parte, por pequeña que pueda parecer, siempre que pensemos que esa causa merece una ayuda.

Y oye, mi parte, tu parte y muchas partes acabarán apagando el fuego. Seguro.

Para mamá

Ya estoy aquí, en mi casa de Madrid,  tras  dos meses de estupendo verano en San Juan.

Aunque sé que ya he dicho esto varias veces, lo repito, así a lo mejor se os mete en el coco para siempre. Es la técnica que usó mi profe: Nos machacaba una y otra, y otra vez la lista de las preposiciones -por dar un ejemplo- y gracias a eso la sé de memoria.

Como  ya  os  conté, Dios me ha concedido un montón de cosas que realmente me eran necesarias pidiéndoselas con mucha fe y oración. Espero que a tí también. Pero hay algo que realmente me ha hecho comprender y sentir lo muchísimo que me ama Dios -y a ti eh- .

Anteayer es cuando iba a escribir sobre eso que me concedió, pero un contratiempo me impidió terminar. Por eso hoy lo continúo, y por eso puedo escribir sobre un hecho que sucedió después y es doblemente maravilloso.

Resulta que mi madre acaba de cumplir 93 años, y aunque está muy bien para su edad, no dejan de ser muchos muchos años, y lógicamente se siente mayor y cansada. Pero al volver de vacaciones parece que el cambio de clima y de lugar le afectaron, tanto que no quería comer, ni hablar, incluso su mirada parecía no estar viendo lo que tenía delante. Me acosté y entre lágrimas le rogué al Señor que la cuidara y se hiciera siempre su voluntad, pero que porfavor no sufriera.

Al día siguiente me levanté expectante, y cuando mamá entró al salón, acompañada de su cuidadora, me dirigió una mirada tierna mientras me decía con voz dulce: ¡hola, pochola! y se sentaba frente a su desayuno.

Fue como el Ave Fénix, renació de sus cenizas.

Gracias Dios porque Tu voluntad llega cuajada de amor y ahora no puedo ser más feliz.