Himno

Un amor casto y puro calladamente: más grande que la vida y que la muerte. Dulce su casa, y su marido en ella se contemplaba. Era su amor de madre como una rosa: pétalos de fragancia y espinas rojas. Y era su seno un arrullo de lirios y de silencios. Olor a roja viña y a tierna hogaza: y su mano prudente acariciaba. Sus dedos limpios iban tejiendo lana para sus hijos. Y Dios desde su cielo se sonreía, por la casta frescura de fuente limpia. Amor callado que vestía al Cordero de rojo y blanco. Amén