Himno

Un amor casto y puro calladamente: más grande que la vida y que la muerte. Dulce su casa, y su marido en ella se contemplaba. Era su amor de madre como una rosa: pétalos de fragancia y espinas rojas. Y era su seno un arrullo de lirios y de silencios. Olor a roja viña y a tierna hogaza: y su mano prudente acariciaba. Sus dedos limpios iban tejiendo lana para sus hijos. Y Dios desde su cielo se sonreía, por la casta frescura de fuente limpia. Amor callado que vestía al Cordero de rojo y blanco. Amén

El mejor regalo que me podrían hacer

Estoy rezando frente al mar. Son las 20 30. A esta hora, justo a mi espalda, el sol se va poniendo.

Los colores del agua pueden ser tan distintos en apenas unos segundos que mis ojos difícilmente los captan, más bien mezclan los diferentes matices, provocando que entre en un estado de hipnosis que sólo el romper de las olas en la orilla conseguirá despertar .

Gracias Dios por permitirme disfrutar de semejante espectáculo .

Concedido

Cuando llegué a San Juan, venía algo pof, y demasiado auto convencida de que cuando llegara todo iría bien. Y claro, resultó un pensamiento demasiado utópico, así que los primeros días fueron regular. El lunes 11 llegaba mi prima. Venía a descansar y pasarlo bien. Yo no me sentía nada animada, quería estar alegre y dispuesta para ese momento pero no veía cómo. De pronto Dios me ayudó. Empecé a rezar un Dios te salve, convencida de la vergüenza que sentía al hacerlo, ya que me creí indigna ante Él.

Pero había olvidado que Dios es misericordioso, que Él siempre te ama, aun cuando creas no merecerlo -palabras d Madre Teresa, una Santa y por eso debemos creerla. – De una forma que no podemos entender. Cuando rezaba, noté que lo proclamaba en mi interior con voz suave y a la vez decidida, como nunca lo había hecho, mientras imprimía, sin saber cómo, una fuerza especial en cada palabra de la oración, sintiéndola y segura de su importancia, como si estuviera recitando un discurso ante un rey. y así era. Así era. Mi rey me redimía la pena´, porque sabía que necesitaba esa redención, que tenía que descargar mi pesar en su carga ligera. ¿Os suena?

Y ¡pum! Pude ser feliz y sentirme alegre con mi prima. ¿Cuándo aprenderemos que Dios ES la misericordia? Si la sintiéramos cómo la conseguí sentir esa vez, podríamos rezar el Magníficat de coraz´on. Pero para eso es necesaria una fe y un amor que ni yo tengo (todo me fue concedido por Él) ¿llegaremos a sentir esto?

La paz

El verdadero amor

concédenos que, anteponiendo tu amor a todas las cosas, corramos con un amor generoso por el camino de tus mandamientos

Esta bella frase, de una oración de mi liturgia diaria, me ha hecho pensar en el evangelio del domingo donde sólo un samaritano auxilia á un caminante herido , e incluso le lleva a una posada y paga por su cuidado hasta su regreso. ÉSE es el verdadero amor, correr con un amor generoso hasta el final.

Y ¿sabeis en quien he pensado rápidamente? En mi hermana Ima: es la persona más generosa y desinteresada que conozco. Y, aunque creo que no lo sabe bien, antepone el amor de Dios a todas las cosas. Realmente la envidio.

Yo diría que no

El martes por la mañana mientras me cepillaba los dientes, ocurrió algo. Ya he hablado de mis temblores, pero es que ahora estoy perdiendo fuerza. Es bastante engorroso, pero intento aguantarme diciéndome que hay cosas mucho peores. Todavía ayer podía levantar el vaso lleno de agua y llevarlo hacia la boca. Pero ahora me quería enjuagar y no podía. Al cabo de un rato pude comprobar que mientras tuve mi breve parón fue justo cuando mi madre había entrado al baño, y gracias a eso, pudo evitar que le diera con la silla -es que yo muevo la silla para todos lados buscando un enjuague total de la boca- ,y justo cuando salió recuperé mi movimiento. ¿Sería casualidad? O…

Paz

Os cuento: ayer en el evangelio Jesús enviaba a sus discípulos a recorrer los pueblos evangelizando a sus habitantes y dándoles a todos la paz. En su homilía decía el cura que todos los cristianos estamos llamados a hacer lo mismo. Porque -decía el `presbítero- todos damos la paz en misa. Pero cuando salimos ¿seguimos dándola?

Pues debemos hacerlo. Y encima es algo tan sencillo como lo que he hecho yo. Así que ¡a practicar!

Este lunes he venido a la playa y me encuentro con que no tenemos conexión a internet. Y con mis temblores no estoy yo por la labor de tirarme dos horas corrigiendo y añadiendo palabras en el móvil. Así que siento no haberos escrito. Gracias a Dios, mi hermana ha encontrado una solución y aunque sea temporal, bienvenida sea.

Aunque hoy es domingo, algo que ha dicho el cura me parece super importante para todos. Como aquí, en España, es de noche y tengo sueño, quedaros con este mensaje:

LA PAZ SEA PARA TODOS LOS QUE ME LEAIS.

Mañana explico por qué.