Magníficat

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. 

En el Magníficat, bello canto de la virgen a Jesús, si bien de siempre me he sentido identificada con su principio, no puedo -ni creo que actualmente nadie pueda- decir lo mismo del resto.

¿Quiere decir esto que llame mentirosa a la Virgen ? ¡Nada más lejos de mi intención!

Más bien pienso que Nuestra Señora decía lo que exactamente se esperaba del Señor. Y también sé que Jesús lo quería. No tenemos más que fijarnos en la conducta de los primeros cristianos que todo lo compartían y daban al que lo necesitaba. Digo yo que de haber seguido así, todo iría bastante mejor. Y el Magníficat se podría cantar de verdad. Ahora entiendo por qué Jesús no baja.

¿Tú volverías a un lugar dónde no se ha hecho ni caso de lo que una vez les pediste ?