Mi dicha

Hoy me siento dichosa.

Si, he pasado unos días revuelta, por culpa de unos temblores en los brazos que me impedían -y me impiden- hacer todas aquellas cosas imprescindibles para llevar adelante mi día a día. Me dije «SI YA TENGO MI DISCAAPACIDAD, ¿POR QUÉ ESTO? » Y claro, ese pensamiento sólo aumentaba mis nervios, con lo cual mis temblores eran mayores. Afortunadamente, pues sé que es un privilegio, Dios vino en mi ayuda. Me dijo ¿TÚ CREES QUE GANAS ALGO PONIÉNDOTE EN ESE ESTADO? ¿NO SERÍA MEJOR SOSEGARTE Y DEJARME A MÍ CARGAR CON TODO?

Todo me pareció excesivo, pero sosegarme tenía buena pinta. Y como ´Él siempre se sale con la suya, conseguí tranquilizarme, y como consecuencia automática, mis temblores se atenuaron, y los que aún persisten, Dios me mandó fuerzas para soportarlos con amor, que es siempre LO ÚNICO que lo puede todo.