Cap 108

Poco tiempo después, Miguel recibió por carta una triste e inesperada noticia. Era un telegrama. Al ver que era de la embajada, sonrió pensando que serían buenas noticias. Poco le duró su alegría cuando empezó a leerlo. Lo que le anunciaba era el fallecimiento repentino del antiguo embajador,  su querido Joss,

El funeral fue multitudinario y el posterior entierro se celebró con grandes honores. Aunque hacía ya mucho tiempo que había dejado el cargo y regresado a USA, al jubilarse volvería a su querida Namibia, donde siempre sería considerado como el gran embajador que fue.

 Todo resultó sobrio y con un ambiente circunspecto. Miguel, aunque acompañado de Atu, echó en falta a John, que no había podido ir debido a un ineludible compromiso  de trabajo. Cuando ya se marchaban, Miguel vio que la secretaria de Joss se le acercaba. Con cara de haber llorado, le alargó el brazo diciendo:

_»Perdone Miguel. Yo sé que Joss… quiero decir… el señor Gallager, le tenía a usted un cariño muy especial. Verá, al recoger sus enseres personales de su oficina he encontrado su diario y he pensado que usted es quien más podría apreciarlo. No tiene ningún pariente conocido, así que no creo que hagamos nada incorrecto. Y a Joss”  esta vez no se corrigió  “le gustaría que usted lo tuviera. Le apreciaba de veras y… y…”

Rompió a llorar. Miguel quiso consolarla, pero ella, quien sabe si avergonzada o simplemente triste, esbozó una breve sonrisa y se alejó.

Miguel, con el diario en la mano, sonrió con tristeza al pensar en Joss, y en John también.

Nada más llegar al poblado, y cuando Atu se hubo marchado, se sentó  dispuesto a leer el diario.

Al abrirlo y ojearlo enseguida reparó en una página señalada con una cruz roja.

Empezó a leer:

SAFARI CON JOHN, ¡¡INCREÍBLE!!

Creo que una de las mejores cosas que he hecho últimamente ha sido ir con John de safari. Ya hicimos uno hace años, pero éste consigue superarlo con creces.

día primero

John y yo llegamos a nuestro destino tras un caluroso viaje. Era de noche, y estábamos tan cansados que nos fuimos directos a dormir. Mañana será un gran día.

No puedo evitar acordarme de Anne. Le hubiera encantado esto. ¡John, ella y yo lo pasábamos tan bien juntos!

Cap 107

Y tú, también debes estar contentísimo. Mik-mik me ha contado que ya has terminado tu último poblado”

_“Pues sí.” Contestó un Miguel rebosante de alegría. “Ya sabes que cuando el hermanastro de mi madre murió, me dejó una cifra cuantiosa en su herencia.”

_“Si, es cierto.»

_“Gracias a eso pude traer más material desde España, y contratar a nativos. Y tengo que reconocer que, como dijo Joss, son increíblemente trabajadores y se esforzaron muchísimo. Estoy tan feliz, John, tan feliz…”

_“Te creo, Miky.¡¡¡Viniste, viste y venciste!!!”

Los dos rieron de buena gana.

_“Amante de mi querida Europa, como siempre.”

Hizo una pausa.

_“¿Sabes John?, creo que me estoy haciendo viejo…”

“¡Toma, y yo!”

_“Ese poblado ha sido el último que construya. Estoy cansado…”

_“¿No me  digas? Vaya, es raro eso que dices. Casi medio siglo en África, sin parar de hacer cosas ¿y dices que estás cansado? ¿Me estás engañando verdad?”

Miguel miró a su amigo pensando que siempre sería el mismo hombre irónico pero divertido que un día conoció. Éste le dio unas palmadas en la espalda. Entonces llegó Mik-mik.

_“Nos tenemos que ir John. Recuerda que Joss me espera de vuelta.”

Ambos se levantaron para despedirse.

_“Venga Miky. Los dos estamos viejos, pero eso es ley de vida. Te mereces descansar. Más que yo…”

Se le acercó, y bajando la voz dijo:

_ “Aunque creo que, lo merezca o no, yo también voy a descansar.”

Y guiñándole el ojo, se dirigió presuroso al jeep.

Cap 106

Al levantar la vista, una jovencita, que no sé de dónde había salido, me secó las lágrimas con su pañuelo y sonriendo, me preguntó qué me ocurría. Entonces desperté. No sé lo que pudo pasar, pero si sé que era totalmente feliz. Cuando vi a la anciana estaba pensando en mi sueño y me dije que tal vez ella tuviera también algún problema, y yo nunca me había interesado por ella, aun después de verla durante años. Podía intentar hacerla feliz, como la chica de mi sueño hizo conmigo. Me paré, la saludé y le pregunté cómo se encontraba. Me contestó muy sorprendida, que bien. Continué diciéndole que si alguna vez podía serle de alguna ayuda, lo haría encantado. Estaba tan convencido de que eso es lo que me hubiera dicho la chica del sueño… A la pobre mujer se le iluminó el rostro y apareció en su cara una hermosa sonrisa que yo nunca antes había visto. A partir de ese día nos hicimos amigos. Incluso yo diría que la salud de la señora iba mejorando. No sé, Miky, Alomejor era idea mía. Pero lo que estaba claro es que ella era mucho más feliz.”

_“¡Y tú también!”

_“Claro, claro. Y oye, ¡me ocurrió algo increíble! Me empecé a preocupar por muchas personas que hasta entonces había ignorado y eso hizo que me sintiera superfeliz. Y gracias a eso comencé a dormir de un modo mucho más sosegado. Solo faltaba mi mujer para compartir mi alegría. Tuve miedo de perder ese sentimiento de felicidad. Y entonces recordé aquélla historia que me contaste en el barco. Mi mujer era psicóloga. ¿Recuerdas lo que me dijiste?»

Miguel sonrió emocionado, dando gracias a Dios porque su amigo no hubiera olvidado aquello.

_»Pensé que estaría al tanto de lo que yo estaba haciendo. Y seguro que cuando la volviera a ver en el cielo se sentiría orgullosa de mí y contenta de volver a verme. Fue ahí cuando caí en la cuenta de que volvía a creer en Dios. Estaba seguro de que mi mujer estaba en el cielo. Estaba seguro de que el cielo existía. Estaba seguro de creer en Él…”

Miguel no podía ser más  feliz.

_“Osea que como ves, hay algo más.”

CAP 105

Miguel estaba expectante. La promesa de conseguir que John sintiera el amor de Dios que creyó perdido al fallecer su mujer había sido una idea fija toda su vida. Nunca había dejado de rezar por él.  

_“Verás Miky, en todos estos años desde que te conozco, y desde que empecé a ayudar al pueblo, he ido sintiendo una satisfacción interior que…bueno, siempre creí que era simplemente eso, satisfacción interior. Dejé el alcohol por algún tiempo pero… Lamentablemente volví a caer en la bebida…”

John calló, bajando la mirada. Miguel recordó aquello. Ocurrió años atrás. El embajador le había contado lo sucedido, y lo mal y desesperado que le había encontrado al ir a visitarle en la clínica durante uno de sus frecuentes viajes a EEUU. Fue una crisis espantosa, pero afortunadamente, logró salir a flote.

_“Bueno John, olvida eso. Ya pasó. Conseguiste salir, ¿no? ¿Qué ocurrió después?”

_“Si, lo conseguí. Pero al salir de la clínica, continué durmiendo de una forma bastante agitada durante algún tiempo; empecé a tener muchos sueños. Y al despertar me acordaba perfectamente de ellos, como si fueran historias que hubiera vivido antes y las estuviera recordando, ¿me entiendes?”

Miguel asintió.

 _“y lo más curioso es que casi siempre podía sacar una pequeña moraleja del sueño. Y que si me la aplicaba, me sentía bien.”

Miguel quiso preguntar por qué su amigo no le había dicho nunca nada. Pero no hizo ningún comentario, pues pensó que la culpa de ello era probablemente los dichosos olvidos. Siguió escuchando. _“Al principio, me resultó gracioso, pero al cabo de los días me di cuenta de que todas esas ideas eran perfectamente aplicables para los demás. ¿Y sabes cómo lo noté? Verás, un día bajaba la escalera de casa y me encontré con una vecina muy anciana que conozco desde siempre y con la que nunca había hablado más allá del ¡buenos días, buenas noches! Y ya. Pero dio la casualidad de que la noche anterior había tenido un sueño súper extraño: yo vivía en un pueblo donde no conocía a nadie. Tenía un problema muy grave, pero claro, no sabía a quién recurrir. Estaba desesperado, caminaba por una calle desierta. Me  senté en un banco y me eché a llorar. Tenía la cara tapada con las manos, pero de pronto noté una mano en el hombro.

Belleza matutina

Cuando vuelto hacia ti de mi pecado iba pensando en confesar sincero el dolor desgarrado y verdadero del delito de haberte abandonado; cuando pobre volvime a ti humillado, me ofrecí como inmundo pordiosero; cuando, temiendo tu mirar severo, bajé los ojos, me sentí abrazado. Sentí mis labios por tu amor sellados y ahogarse entre tus lágrimas divinas la triste confesión de mis pecados. Llenóse el alma en luces matutinas, y, viendo ya mis males perdonados, quise para mi frente tus espinas. Amén.

Cap 104

Muchos años después Miguel caminaba despacio entre las casas. ¡Había tanta gente! Muchos de ellos eran habitantes de otros pueblos que él había construido. Algunos venían de visita. Otros a ofrecer su mercancía. Todos estaban felices. Reían. Tenían buen aspecto. Miguel saludaba a muchos, y ellos correspondían sonriendo. Se sentía tan querido, tanto. Ya se acercaba a su casa cuando le pareció ver una figura a lo lejos que le saludaba.

_“¡John, que agradable sorpresa!”

Tras un fuerte abrazo, los dos amigos entraron y se sentaron.

_“¿Y qué te trae de nuevo aquí? No hace tanto desde que viniste, y encima llega el invierno. En esta época hace un frío que pela. No creo que hayas venido en viaje de placer.”

John rió, mientras cogía el vaso que le dio Miguel. No contenía alcohol por supuesto. Miky no bebía y John había conseguido dejarlo. Desde aquel episodio en el barco, hacía ya tantos años, su vida como bebedor asiduo empezó a decaer. No fue algo sencillo, tuvo recaídas, pero finalmente lo logró.

_“No, no es eso no. Pero es que tenía que venir. Ya sabes que hace mucho que dejé solucionados los problemas en *****.  Bueno, no sé si recuerdas que les puse luz eléctrica…”

_“Pero John, ¿cómo no lo voy a recordar?”

Poner luz eléctrica en ***** había sido el motivo principal por el que John venía a Namibia cuando conoció a Miguel. Fue lo primero de que habían hablado. Difícilmente Miguel podía haberlo olvidado. Pero desgraciadamente John sí. El alcohol, aunque ya estaba fuera de su vida, había dejado en él una huella indeleble. Inmediatamente, sintió vergüenza.

Miguel se dio cuenta. No tenía que haber dicho eso, pero ya era tarde. Además, los dos eran ya mayores, y cualquier cosa que pasara, les afectaba enormemente. Intentó arreglarlo hablando con dulzura:

_“¿Han tenido algún problema? La última vez que viniste no dijiste nada.”

_“Ya, pero es que Mik-mik conoce a alguien de ese pueblo y le dijo que tenían un problema con el suministro de la luz. El chico se lo contó al embajador y éste a mí. Y aquí estoy.”

_“Vaya John. Esa actitud tan servicial de acudir en ayuda de tu prójimo es verdaderamente admirable. ¿Es sólo un acto solidario o se trata de algo más?”

_“Sé por dónde vas. Y si Miky, creo que hay algo más. Casi te diría que hay mucho más.”

No puedo dejar…

No puedo dejar más tiempo sin escribir cómo me siento. Y es que sé que en cualquier momento me cambia el ánimo. Yo sé muy bien ahora que no hay nada, absolutamente nada, que pueda apartarme del amor de Dios. Pero también sé que mi estado de ánimo me juega malas pasadas haciéndome sentir justo lo contrarío. Por eso ahora quiero contar esto.

Él es quién me da todos los dones que poseo. Y es Él quien me deja disfrutarlos, incluso pareciendo imposible hacerlo. Mirad, Él me llena de alegría al concederme todos esos logros de que os hablé, aun sabiendo lo triste que estoy, que estamos, ante la terrible situación que nos ha tocado vivir. Pero Él también sabe que yo no voy a guardar esa alegría para mí sola, sino que la voy a compartir con mis hermanos, y tal vez con ello alivie un poco sus penas, y las mías de paso.

Y a ver si, con la ayuda de Dios, salimos de ésta.

Cap 102

Miguel pensó que era algo increíble que el hombre que tenía enfrente fuera el chico con quien jugó su madre, como ella misma le había contado:

_“Poco guardo en mi memoria de mi infancia en Inglaterra” le había dicho la señora Soler. “Mamá trabajaba de sirvienta en una gran casa. Se enamoró del patrón, y nacimos tu tío y yo. Lo que si recuerdo con cariño son aquellas tardes en que los dos jugábamos con un niño, que era su hijo. Pero pronto le mandaron interno y al poco tiempo vinimos a España.”

Y ahora ¡ese niño estaba allí!

Una vez repuesto, le contó todo a mister  Norton que también quedó en estado de shock. Finalmente éste dijo:

_“Cuando te dije que tuve una infancia fácil, no quise decir que fuera siempre feliz. Piensa que yo estaba solo en esa finca tan enorme. Por eso puedo asegurarte que mis momentos más felices los pasé jugando con tu madre y tu tío en los jardines. Éramos tan sólo unos críos que se divertían juntos y nada más. Pero ¡éramos hermanastros, Emily, Michael y yo somos hermanastros, osea que yo soy tu tío!”

_“¡Emily y Michael!  Si, mi madre y mi tío siempre se llamaban así entre ellos. Y nunca tomaban café, siempre té, como los ingleses.”

Mister Norton era la felicidad en persona. Se levantó de un salto y fue a abrazar a Miguel, que se había puesto de pie en cuanto vio abalanzarse a mister Norton. Tras fundirse en un abrazo, al que rápidamente se unió el resto de la familia, él mismo propuso iniciar la visita. Cuando salían por la puerta, en un momento en que Mr. Norton se había adelantado, Joss aprovechó para contarle:

__“Hace unos días, este hombre vino a verme. Resultó ser nada menos que el dueño de una de las compañías petrolíferas más importantes de América. Me dijo que ya se había jubilado y estaba dando la vuelta al mundo, y me pedía consejo sobre qué debía ver. Se tomó un par de whiskies, se animó y ¡… Me lo contó todo sobre su vida, Miky, todo! Tú me habías contado tu historia. Teniais  que conoceros, ¿entiendes? Pero no sabía cómo hacerlo.  Ese mismo día John vino a verme. Se lo conté y fue él quien me sugirió todo esto.”

_“¿Verdad que ha sido una idea genial?” dijo John sonriente.

Miguel les miró con enfado. John siguió:

_“¡Venga Miky! Tu vida es un poco aburrida. Necesitabas una buena sorpresa y no me negarás que esto ha sido un bombazo. Mucho más divertido que si te lo cuenta Joss. Y Mister Norton no digamos, está como loco.”

_“¿Escritor?”  protestó Miguel.

El embajador rió, pero ninguno pudo decir nada más porque toda la familia se había acercado para meterles prisa.

Cap 101

_“Mis padres eran muy ricos, poseían tierras, ganado, caballos, viñedos… en fin, que como podrá imaginar fui un niño al que nunca le faltó de nada. Pude tener un gran futuro, puesto que yo era el único hijo y por tanto el heredero. Pero no fue así. Verá, cuando yo era todavía muy niño mi padre tuvo una aventura con una sirvienta; creo que la quería, pero instado por mi madre la abandonó y ella le perdonó, pero nunca olvidó su infidelidad y decidió arruinar a su marido en secreto. Sabiendo lo codicioso que era, estaba convencida de que perder poco a poco su fortuna sería para él su mayor castigo. Mi madre fue una mujer muy poderosa e inteligente y aunque tardó, consiguió su propósito. No le importó verse arrastrada a una situación tan precaria.  Había logrado lo que ella quería: ver sufrir a mi padre, como ella había sufrido por su culpa. Mi madre nunca me dejó notar esa pérdida. Por eso había convencido a mi padre para que me enviara interno a un colegio. Ése fue el motivo de que viera poco a mis padres, y cuando volvía por vacaciones, ambos siempre intentaban  por todos los medios que no me percatara de nada. Pero terminados mis estudios, regresé a casa; ya no era un niño y empecé a darme cuenta de que las cosas iban mal. Pero te juro Miguel, que no me importó. Bueno. Si sentí algo fue lástima por mi madre, aunque ella me aseguró que nada le importaba vivir así. Decidí marcharme. Ella siempre pensó que me iba por su culpa. Y no era así ¡claro que no era así!”

Mr. Norton calló. Estaba rojo de furia. Miguel, asustado, y sobre todo muy, muy intrigado, preguntó:

_¿Y qué ocurrió entonces?”

_“A los veintidós años, sin llevarme ni un centavo de la fortuna de mi padre, me fui a Usa. Al llegar era tan sólo un inmigrante que no conocía a nadie, y apenas tenía para comer. Pero tenía mucha ilusión y ganas de trabajar. Tuve un golpe de buena suerte, empecé a prosperar… ¡y aquí estoy!

¿Verdad que es una historia apasionante? Seguro que puede escribir algo inspirado en ella… ¡sería halagador!”

Miguel estaba completamente hipnotizado y no sabía qué decir. Tanto, que fue Joss quien tuvo que romper el silencio.

_“Bueno Miky ¿qué te parece la historia?”

Cap 100

Rápidamente, Joss dijo:

_“Miky, te presento a Mr. Norton y su familia. Han venido de visita al país por primera vez y no podía dejarles sin ver tu fantástico poblado.”

_“¡¡Por supuesto que no!! Mi mujer, mis hijos y yo estamos encantados de poder visitar una construcción nueva que muestra tan maravillosamente el tipo de viviendas de este país.”

Miguel sonrió agradecido, mirando de reojo a Joss y John, que asentían sonriendo. ¿Qué se traerían entre manos? No le parecía lógico que hubieran escogido su pueblo para que unos extranjeros admiraran las construcciones namibias. Habiendo tantos otros mucho más típicos, ¿por qué habrían elegido el suyo?

          Una vez en la casa, Miguel les ofreció de beber. El señor Norton apurando rápidamente su bebida, se levantó de un golpe y dijo:

_“¡Ya podemos ir, estoy deseando verlo todo!”

John intervino:

_“Antes, creo que a Miguel le encantaría oírle hablar de sus orígenes. Es que está escribiendo un libro de  aventuras, es un escritor consumado ¿sabe? ¡Y su historia  es tan fascinante Mr. Norton! Joss me la ha contado, espero que no le importe, “

_»¡Para nada!»

_” “Pues estoy convencido de que le ayudará a crear nuevas ideas.”

Miky no pudo evitar mirar totalmente asombrado a John, pero enseguida, Mr. Norton dijo:

_“¡Vaya! No me había dicho nada, Mister Gallager. Es fantástico” y mirando a Miguel añadió “ usted me va a mostrar su modo de vivir actual y yo le voy a mostrar mi modo de vivir pasado. Me parece una forma genial de saldar cuentas.”

Como buen magnate americano, el hombre estaba encantado con esa solución empresarial que él mismo había inventado. Se volvió a sentar, riendo satisfecho de su idea, y  con cara de placer, empezó.

_“Pues escuche Miguel, escuche, creo que mi historia le gustará. Para empezar, yo no nací en EEUU sino en un pueblo de Inglaterra llamado   ******»

Era el pueblo donde nació la madre de Miguel. Joss miró la cara de su amigo. Sonrió al ver que su boca se le abrió de puro asombro. Mr. Norton, sin percatarse, continuó.