Cap 75

Miguel, educadamente, no se había atrevido a preguntar. Pero aquella tarde su amigo le dijo que era dueño de una empresa eléctrica.  

_»Hace unos años” continuó John “hice un viaje con mi mujer a Namibia. Los dos quedamos impresionados por la belleza del país. Es un lugar único. Prometimos volver.”

John calló de pronto y palideció. Miguel, presintiendo alguna desgracia, permaneció en silencio, esperando a que él terminara. Pasado un rato, John continuó:

_“Al poco de regresar, mi mujer enfermó. Un cáncer fulminante se la llevó en pocos días.”

Miguel cogió la mano de su amigo, y dijo:

_“Lo siento muchísimo John.”

Él  esbozó una sonrisa visiblemente forzada.

_“Durante nuestro viaje, visitamos un poblado del que mi mujer quedó absolutamente fascinada. Gente sencilla, amable, generosa. A pesar de no tener casi nada, lo poco que poseían nos lo ofrecieron con alegría. Pasamos unos días maravillosos con ellos, en los que nos dimos cuenta de que uno de sus grandes problemas se debía al suministro de la electricidad.”

_“Entiendo. Y a eso has venido, claro.”

Miguel no pudo evitar añadir:

“Ten por seguro que tu mujer, desde el cielo, te estará mirando orgullosa.”

John, algo escéptico, aunque intentando disimularlo, sonrió a Miky agradecido. Éste, mirando su reloj, y más que nada adivinando el estado de melancolía de su amigo, dijo:

_“Ya es tarde. Creo que es mejor retirarnos.”

“_Tienes razón”, y levantándose sonrió a Miguel, esta vez sinceramente. Ambos se dirigieron hacia el interior del barco.