Cap 85

_Una mañana Miguel y algunos de los chicos hacían planes de construcción alrededor de una mesa.

Tras unos breves golpes y sin esperar respuesta, la puerta se abrió.

__“¡Hola a todos!”

Un chico de no más de veinte años, con el pelo oscuro y bastante largo, más por comodidad que por estética, y cubierto con una vieja gorra de colores apareció en el umbral. Tenía la piel curtida por el sol y sus ojos negros mostraban una mirada tremendamente noble. Muy sonriente, avanzó con seguridad y se dejó caer en la primera silla que encontró.

_“¡Uff! Hoy hace un calor de muerte.”

Era Mik-mik. En realidad se llamaba Michael, igual que Miguel sólo que en inglés. Había recibido ese apodo por una simple ocurrencia de uno de los muchachos, que un día le había comparado con el personaje de dibujos del correcaminos, que siempre iba de un lado a otro. Había nacido en Sudáfrica de padres ingleses, pero por razones  desconocidas, se había trasladado a Namibia. Trabajaba como chofer personal del embajador, y se encargaba de llevar y traer noticias. Abriendo su vieja cartera, y sacando un pequeño sobre, se lo entregó a Miguel.

Él rasgó el sobre y sacó el fino papel que contenía. Mientras se sentaba empezó a leer.

_“Por la cara que pones, no parece que sean muy buenas noticias…”

“_No lo son, no. Mi tío Miguel ha muerto.”

Levantándose de un golpe, sin dar ni tiempo a que Mik-mik le diera su pésame, dijo:

_“El tiempo de meter un par de mudas en mi bolsa y nos vamos. Debo coger el primer avión. Mi tío siempre me decía que era yo quien debía oficiar su funeral. Y así me lo pide mi madre.” Mientras hablaba, iba preparando su pequeñísimo equipaje. “Yo siempre le respondía que no hablara de eso, que aún faltaba mucho… Pero ya ves, todo tiene que llegar.”

Mik-mik aprovechó un momento de silencio para decirle cuanto lo sentía, y le anunció que tenía el jeep listo para cuando él quisiera.

Cap 84

_“Esta mujer viene de una tribu del norte. Desgraciadamente, ya nunca más podrá volver. Dice que tú eres su única salvación.”

_“¿Yooooo?” Exclamó Miky.

_“Sí, tú. Escucha bien, ésta es su historia.”

Miguel estaba realmente interesado en lo que pudiera contar aquella mujer, así que decidió no hacer más preguntas  y  aguzar el oído.

_“Se llama Humba y estaba enamorada de un hombre desde hacía años, del que era correspondida. Sin embargo, la hija del jefe de la tribu se encariñó con aquel hombre y pidió a su padre que arreglara su boda. Nada podía hacer ella ante la decisión del jefe. Pero sabía que su amado seguía queriéndola. Él insistió en seguir viéndola y aunque ella al principio se negara, su amor hacia él hizo que enseguida decidieran tener encuentros furtivos. Pero un día, fueron descubiertos nada menos que por la esposa, a la cual no le importó en absoluto montar en cólera  y chillar hasta alarmar a todo el mundo, incluido su padre.  La decisión estaba tomada: Los dos serían inmediatamente ejecutados. Era la ley  de la tribu contra los adúlteros. La única concesión que les hizo el jefe fue pasar su último día de vida con sus padres. La madre de Humba había muerto pero su padre aún vivía. Aunque su primera reacción fue de enfado, le prometió que, como chamán del pueblo y hombre muy querido y apreciado por todos sus habitantes, y especialmente por el jefe, iba a ir a verle para tratar de interceder por ella. Cuando volvió su padre le dijo que había conseguido evitar su muerte, pero que a cambio debía marcharse del pueblo para siempre. Era una deshonra para todos.

_“¿Y él?”

_“Hija, no tengo poder suficiente. Lo siento.”

_“Padre” dijo llorando “si siento marcharme de aquí únicamente es por ti. Nadie más que él y tú me importais, y él… no me importa irme…”

El padre quedó muy apesadumbrado, pero dijo que no la dejaría abandonar el pueblo sin más. Que no podía dedicarse a errar por el desierto. Eso equivaldría a la muerte.

 La mujer seguía hablando, pero Soman le dijo algo, y calló.

El anciano habló con Atu, y éste dijo a Miguel:

_“Soman quiere que antes de empezar  a contarte nada más, prepares tu mente y estés listo para entender cosas que tal vez en la tierra de donde vienes sean inimaginables, pero aquí realmente ocurren, y debes creerlas.”

_“Creo en los milagros Atu” dijo Miguel “no sé lo que me vas a contar, pero no creo que me asombre; sé que seré capaz de aceptarlo, sea lo que sea.”

 Miky se sentía tremendamente intrigado. Lo que la joven contó fue algo que nunca en la vida se le podría haber ocurrido a Miguel.

          Soman continuó:

_“El padre  de Humba era chamán y podía invocar a los espíritus para pedirles ayuda.

Inmediatamente, pues no les quedaba mucho tiempo, encendió una hoguera y echó en ella los polvos que producirían el humo que necesitaba inhalar para comunicarse con el más allá. Tras aspirar ese humo, quedó en trance. Hablaba en un dialecto que sólo él conocía. Humba estaba demasiado triste ante la noticia de que su amado iba a morir, y no prestaba atención. Al rato, su padre volvió en sí. Miró a su hija, y le dijo:

_“Los espíritus se han apiadado de ti. Me han contado que un hombre bueno ha venido desde un lugar muy lejano para construir un pueblo nuevo para los habitantes del desierto que no tienen donde vivir. Allí podrás comenzar una nueva vida.”

_“Pero padre, el desierto es grande, y nunca sabré reconocer a ese hombre.”

Realmente le daba igual, pero amaba a su padre y le agradecía lo que estaba haciendo.

_“La ciudad en construcción está al sur, ellos te mostrarán cómo es ese hombre.”

De nuevo cogió humo, esta vez por la boca. Volviéndose hacia su hija, le separó los labios con dulzura, y exhaló el humo dentro. Ella se sintió mareada, lo único que vio fue la cara de un hombre. Tu cara, Miguel.”

Miky estaba conmovido. Pero no era por toda aquella historia. Todo eso lo aceptaba. Aunque él no gustaba de hechizos ni pócimas, si creía en la misericordia del Señor, y para Miguel todo aquello no era sino la prueba de que la bondad de Dios era infinita. Le enviaba una pecadora para que él la redimiera. Si estaba tan emocionado era porque los espíritus le llamaran bueno. ¡Era Dios el que le llamaba bueno! Con lágrimas en los ojos, miró a Atu y le dijo:

_“Dile a Soman que estaré encantado de que esta mujer viva en mi poblado.”

          Al principio Humba resultó un poco difícil de tratar. Miguel intentó buscar los momentos en que la veía más alegre. Pero ella simplemente parecía contenta porque recordaba a su padre, y sobretodo a su amado. Por eso, cuando Miguel le hablaba, decía tener dolor de cabeza y así se excusaba y se marchaba. Miguel se daba cuenta. Reconocía perfectamente esa actitud. Le recordaba a su compañero de seminario Dit. Había sido algo complicado, pero entre el Padre Jonás y él lograron cambiar al chico. Por eso Miguel sabía bien que encontraría una razón que lograse cambiar a Humba. Lo que no podía saber es que esa razón iba a llegar por donde él menos lo imaginara.

_____

Cap 83

Como si se hubiera percatado de su presencia, a pesar de que todavía no habían llamado a la puerta, giró lentamente la cabeza, y al ver a Atu se levantó presuroso, cerrando  cuidadosamente el libro y dejándolo a un lado, se dirigió hacia los recién llegados. El anciano sonrió con unos dientes tremendamente torcidos, pero con una sonrisa que infundía paz. Les explicó, a través de Atu que les traducía, que hacía años había abandonado su tribu para conocer otros lugares. Ese pueblo fue uno de los muchos en que había recalado a lo largo de sus viajes. Sin embargo en éste decidió quedarse. La razón fue que se enamoró locamente de una aborigen, por la que tuvo que pelear mucho. Le costó, pero lo consiguió, y Soman pasó a ser considerado uno más.

          Soman por supuesto se ofreció enseguida para ayudar a Miguel. A pesar de no conocerle, Atu le había hablado mucho de él, y realmente encontraba admirable la voluntad y el tesón del joven español por querer ayudar al pueblo africano.

Nada más entrar en su casa, Miky le señaló la chica, que seguía tumbada con la mirada perdida en el infinito. Soman se acercó y se sentó a su lado. Ella le miró, y al reconocer la cara de un nativo del desierto, sonrió y le soltó una retahíla de palabras en la misma lengua que Miguel no había podido comprender. Pero Soman si la entendió y le tradujo rápidamente a Atu lo que iba diciendo. La mujer estaba encantada de que alguien la entendiera. Le contó a Soman que llevaba muchos días cabalgando por el desierto, pero que por fin había encontrado lo que buscaba.

_“¿Y qué es lo que buscas?”

Preguntó Soman. Ella dijo:

_“A él.”

Señalaba a Miguel.

          Miky, al verse señalado, sintió curiosidad, y preguntó a Atu qué decía. El pobre estaba tan sorprendido como Soman. Éste, que había comenzado a escuchar la historia que la mujer ya estaba contando, comenzó a hablar. Atu traducía:

Cap 82

Sin embargo, lejos de sentir ningún miedo, ella parecía feliz. Apretaba la mano de Miky, y bajaba y subía la cabeza repetidamente, como si le estuviera agradeciendo algo. Al mismo tiempo pronunciaba unas palabras imposibles de comprender por ninguno de los dos. La fuerza con que apretaba las manos de Miky se fue debilitando, y la pobre mujer empezó a cerrar los ojos. Miguel, ayudándola a recostarse de nuevo, dijo:

_“Esta chica está exhausta. Probablemente venga de muy lejos, y lleve demasiado tiempo cabalgando bajo el sol. Lo que debemos es dejarla descansar e ir a buscar a Atu. Aunque la jerga en que habla  no me parece la misma de la tribu de Atu, él me ha hablado varias veces de un anciano de su tribu que en su juventud había viajado por todo el país y aprendido muchos dialectos. Tal vez él pueda entender lo que nos quiere contar esta mujer.”

          Al ir acercándose al oasis, Miky estaba seguro de encontrar allí a Atu. No es que estuviera demasiado cerca de su pueblo, pero Atu siempre se pavoneaba diciendo que él sabría encontrarlo incluso con los ojos cerrados; desde niños él y sus amigos habían ido siempre a bañarse allí, y era lógico que supieran de memoria el camino.

Atu ya había salido del agua nada más oír el ruido del único coche que podía acercase hasta allí. Sonriente, como siempre al ver a Miky, se acercó al jeep. En un perfecto español, que ya chapurreaba cuando conoció a Miky, y que ahora, gracias a éste, casi dominaba, dijo:

_“Hola a todos. No esperábamos vuestra visita. ¿Ha pasado algo?”

En cuanto le explicaron lo ocurrido, Atu se despidió de sus amigos y subió al jeep. Una vez en el pueblo, se dirigieron a la choza del viejo que hablaba tantos dialectos. Se llamaba Soman y vivía en una pequeña cabaña, junto a su mujer. No tenían hijos. Al llegar, la puerta estaba abierta, cosa muy normal. Nada más  verle, Miguel pensó que parecía un hombre bastante raro; estaba sentado en el suelo con algo que parecía un libro abierto sobre sus rodillas. Sin embargo no leía, sino que tenía la mirada perdida como buscando un lugar mucho más allá de su casa, de su tribu, incluso de su mundo. A primera vista nadie podría decir si iba a ser amable o terriblemente seco. Probablemente su vida nómada le había hecho ver tantas cosas que su rostro ya no tenía expresión alguna, sólo una mezcla de paz y silencio lograda tras años y años atravesando el desierto. Su piel oscura y su pelo blanco, largo y desgreñado, tampoco eran rasgos demasiado diferentes de cualquier anciano del desierto. Sin embargo, Miguel enseguida descubriría que Soman era buena gente.

Cap81

Sin embargo Miky tuvo muy claro desde que vio a Atu que él iba a ser quien le acompañara. No sabía bien qué era, pero algo había en sus ojos que le inspiraba confianza. Veía nobleza, que era para él razón más que suficiente.

_“Gracias a los dos, pero creo de veras que él es el más adecuado para el puesto.”

_“Muy bien Miky. Tuya es la decisión. Espero que no te equivoques.”

Y no se equivocó. Atu fue el mejor compañero que nadie hubiera podido desear. Le acompañó por todas las zonas que Miguel quiso explorar sin rechistar ni una sola vez. Soportó y ayudó a Miky a soportar las duras noches que pasaron en el desierto durmiendo en una simple tienda de campaña que apenas les protegía del frío. Temieron juntos la posibilidad de un ataque, que gracias a Dios nunca hubo. Pero cuando pasaron los días y Miguel se convenció de que era imposible decidirse entre millones y millones de granos de arena, Atu fue lo más entusiasta  que pudo ante la decisión de Miky de  pararse ante un montículo, similar a cualquier otro, y decir que ése sería el lugar idóneo.

_____

Miguel creyó oir gritar su nombre fuera de su casa. Al abrir, vio cómo Luis, uno de los voluntarios, traía en sus brazos el cuerpo desfallecido de una mujer. Sin preguntar, le dijo de tumbarla en la cama y taparla con unas mantas. Sólo entonces, miró inquisitivamente a Luis, que rápidamente le contó cómo había salido a buscar agua al pozo, y había visto una figura montada sobre un camello acercándose al poblado. Al principio se había asustado, pero al ver que era una mujer se acercó para ayudarla, y justo en ese momento se desmayó. Miky se quedó sorprendido. Pero apenas tuvo tiempo de pensar nada, porque de pronto, la mujer despertó, se irguió y dijo algo en una lengua que nadie pudo entender. Lo primero que hizo Miguel, una vez que Luis le dio de beber, fue sentarse a su lado y cogerle las manos con dulzura, para que la mujer no sintiera temor. Sin embargo,

Cap 80 arreglado

Hizo una breve pausa y miró a John.

_“Bueno John. Iba a ser una sorpresa, pero creo que este momento es el más propicio para decírtelo. He pensado que te gustaría hacer un safari.”

John no sabía qué decir. No se lo esperaba. ¡Un safari! Joss volvió a mirar a Miguel.

_“Los parques naturales se encuentran al norte del país. Primero te llevaremos al poblado.”

          El pueblo resultó ser un tranquilo lugar, cuyo cálido recibimiento rápidamente infundió confianza en Miguel. Joss explicó al jefe lo que quería su amigo, explorar esa zona para elegir el lugar adecuado donde poder construir su poblado. Encantado  con la idea, no tardó en convocar a los guerreros que creía más intrépidos para esa misión. Fue un joven llamado Atu quien aceleró la elección, ofreciéndose para el trabajo. Miguel pensó al verle que Atu era una persona de constitución fuerte y al mismo tiempo aspecto agradable y sonrisa fácil. Si tenía que estar mucho tiempo deambulando por el desierto con una persona recién conocida, más le valía que fuera alguien de su gusto. Y desde luego era imprescindible la condición física. Atu aparentaba unos veinteypocos años, tenía un cuerpo de piel no muy oscura, como todos los de su tribu, y unos hombros anchos y sin duda muy fuertes. Además demostró con su rápido ofrecimiento tener espíritu aventurero. John, más desconfiado, le había dicho:

_“Miky, no pienses que porque haya aceptado el puesto tan deprisa, quiera eso decir que sea voluntarioso. Puede simplemente que esté harto de la vida en el poblado, y vea en tu ofrecimiento el modo perfecto de salir unos días de aquí.”

El embajador añadió:

“_Tiene razón,  Miguel. No es que quiera descorazonarte, pero como comprenderás, conozco bastante el carácter de estas gentes. Son tribus de costumbres ancestrales, donde el jefe decide lo que hacen los demás hombres; si este chico se ofrece es porque sabe que su jefe debe elegir a alguien y ha tenido suerte de que su rápida disposición haya sido bien vista. Vamos, que a lo mejor es cierto que quiere ir, pero yo que tú desconfiaba.”

Cap 80

Hizo una breve pausa y miró a John.
“Bueno John. Iba a ser una sorpresa, pero creo que este momento es el más propicio para decírtelo. He pensado que te gustaría hacer un safari.” John no sabía qué decir. No se lo esperaba. ¡Un safari! Joss volvió a mirar a Miguel. “Los parques naturales se encuentran al norte del país. Primero te llevaremos al poblado.”

El pueblo resultó ser un tranquilo lugar, cuyo cálido recibimiento rápidamente infundió confianza en Miguel. Joss explicó al jefe lo que quería su amigo, explorar esa zona para elegir el lugar adecuado donde poder construir su poblado. Encantado  con la idea, no tardó en convocar a los guerreros que creía más intrépidos para esa misión. Fue un joven llamado Atu quien aceleró la elección, ofreciéndose para el trabajo. Miguel pensó al verle que Atu era una persona de constitución fuerte y al mismo tiempo aspecto agradable y sonrisa fácil. Si tenía que estar mucho tiempo deambulando por el desierto con una persona recién conocida, más le valía que fuera alguien de su gusto. Y desde luego era imprescindible la condición física. Atu aparentaba unos veinteypocos años, tenía un cuerpo de piel no muy oscura, como todos los de su tribu, y unos hombros anchos y sin duda muy fuertes. Además demostró con su rápido ofrecimiento tener espíritu aventurero. John, más desconfiado, le había dicho:

_“Miky, no pienses que porque haya aceptado el puesto tan deprisa, quiera eso decir que sea voluntarioso. Puede simplemente que esté harto de la vida en el poblado, y vea en tu ofrecimiento el modo perfecto de salir unos días de aquí.”
El embajador añadió:
“_Tiene razón, Miguel. No es que quiera descorazonarte, pero como comprenderás, conozco bastante el carácter de estas gentes. Son tribus de costumbres ancestrales, donde el jefe decide lo que hacen los demás hombres; si este chico se ofrece es porque sabe que su jefe debe elegir a alguien y ha tenido suerte de que su rápida disposición haya sido bien vista. Vamos, que a lo mejor es cierto que quiere ir, pero yo que tú desconfiaba.”

EN ÁFRICA Cap79

Tras largos días de viaje, por fin llegaron a su destino, el puerto de Namibia. El padre Paulino le había hablado con cautela de África, rogándole que nunca se dejara llevar por su excesiva bondad, que tuviera mucho cuidado.

Miguel sabía que el Padre estaba en lo cierto, por  eso pensó que fue una suerte cuando le confió a John Folk sus temores, y éste rápidamente le tranquilizó diciendo:

_“¡No te preocupes  Miky! Iremos directamente a ver al embajador de Estados Unidos. Es amigo mío desde la primera vez que vine aquí. Le llamé anunciándole mi llegada, y va a venir a buscarme. Conociendo su forma de ser, cuando le contemos a qué vienes al país, se quedará tan encantado que te ayudará en todo lo que le pidas, seguro.”

          Efectivamente, el embajador resultó ser una buena persona que enseguida quedó impresionado al oír la historia de Miguel.

_“Por supuesto que te ayudaré. Será un honor además. Y si me permites, un consejo.”

Joss Gallager, que así se llamaba, se recostó en su sillón giratorio, y lo volteó para mirar al mar, cuya preciosa panorámica se veía desde la ventana.

_“¿Es bonito verdad?   Da tranquilidad mirarlo.” Se volvió a girar hacia ellos, “pero no creas que todo es tranquilo aquí. El desierto puede ser hermoso, pero es muy engañoso. Puedes tener encuentros… desagradables. Conozco una tribu bastante pacífica en una zona que me parece apta para tus propósitos y te ayudará. Sé de qué hablo Miguel.”

_“Le creo. Y además tuve la suerte de conseguir un grupo de voluntarios que se mostró entusiasmado y enseguida aceptó ayudarme.”

_“Y yo te facilitaré mano de obra. Hay mucha gente aquí que desea trabajar. Verás, la forma de pensar de los africanos no es  como la de los europeos, o los americanos. Ellos son felices simplemente trabajando… el pueblo africano es un pueblo trabajador. Lástima que no tengan ocasión de demostrarlo.”

_“Pues conmigo la tendrán. Gracias señor Gallager.”

Cap78

Y ¿sabes qué?” cogió a John de la mano, mientras éste le miraba fijamente “esa idea siempre me ha dado paz. Y la paz del alma, que es la que tú necesitas, la que tú buscas cuando pides ayuda, esa sólo te la puede dar Dios.”

John se quedó un rato pensativo.

_“¿Tú crees que Dios se ha llevado a mi mujer para algo?”

_“Estoy seguro. No sé bien para qué pero… vamos a ver, ¿tu mujer en qué trabajaba?”

_“Ella era psicóloga.”

_“Pues  ahí tienes la clave. En el cielo anda muchísima gente que llega confundida, que ignorando la infinita misericordia de Dios no acaba de entender bien dónde está ni por qué, y necesita a alguien que les ayude. Y ahí entra tu mujer.”

Sabía que ésa no era una explicación demasiado teológica, pero John necesitaba creer. Necesitaba fe. Ya conseguiría que esa fe madurara.

_“¡Tienes razón!”

Probablemente John tampoco estaba completamente convencido, pero la idea de hallar un camino distinto y mejor del que estaba llevando desde que su esposa falleciera, le resultaba sin duda muy atractiva. Sin decir nada, se irguió y besó a Miky. Un fuerte pinchazo en la cabeza le recordó que había bebido mucho. Se recostó de nuevo.

_“No volveré a beber tanto Miky, te lo prometo.”

Los ojos se le cerraban, y Miky dijo:

_“Bueno, duérmete. Ahora es lo que más necesitas.”

Cuando vio que su amigo se había dormido, se levantó, y con cuidado para no despertarle, abrió suavemente la puerta y salió.

Cap 77

Una vez en el camarote, con John finalmente acostado, Miguel se sentó a su lado, esperando a que su amigo se tranquilizara y dijera algo. Por fin, varios minutos después John abrió los ojos.

_»¡Ayúdame por favor, ayúdame si puedes, Miky!”

_“Puedo. Dios me ha dado poder para ayudarte.”

_“¿Y por qué Dios no ayudó a mi mujer, por qué, por qué?” Sollozando, continuó “y ahora me he quedado solo, y no puedo olvidarla. ¿Entiendes por qué bebo?”

_“Beber no es una ayuda, John, y tú lo que quieres es una ayuda. La bebida sólo te reconforta por un momento. Y tú necesitas algo que te serene el corazón y te haga ver que todavía te queda mucho por hacer, y que para ello debes estar sobrio. Dios te va a ayudar. Yo no puedo explicarte por qué se llevó a tu mujer. Eso, Él solo lo sabe. Lo que sí te puedo decir es que Él siempre ha sido mi mayor fuente de consuelo en todos los momentos difíciles de mi vida. Y siempre me ha ayudado, incluso cuando no me ha dado lo que le he pedido. Al final, siempre tiene razón; por eso creo que cuando me da aquello que no le pido, aun cuando no lo entiendo, también tiene razón.