Cap 74

_“¡Mira Miky, la estrella no titila!”

_“¡Es cierto, y cuanto brilla!”

Y poniendo su mano sobre el hombro de su amigo, le dijo lleno de esperanza:

_“Tal vez tú te estés convirtiendo.”

_“No lo creo Miky, de veras quisiera, pero no puedo.”

Se levantó y fue hacia la borda. Miguel le siguió.

_“Mira todas las estrellas que hay en el cielo; y cuantas que no alcanzamos a ver… ¿te imaginas cuanto tuvo que llorar Dios?”

_“Es sólo una leyenda.”

_“Tal vez, pero Dios no es una leyenda.”

John miró a Miky con tristeza, y dijo:

_“Lo siento. Creo que voy a acostarme, estoy algo cansado.”

Y despidiéndose cariñosamente, se dijeron adiós, prometiendo  verse al día siguiente.

          Cada día que pasaba, John y Miguel  encontraban nuevos temas de que hablar. Con frecuencia, se les veía sentados cómodamente en la cubierta, John con algún licor, Miguel con un refresco, disfrutando del buen tiempo que les acompañó todo el viaje, y charlando animadamente. Fue así como Miguel descubriría un compañero de viaje ameno y culto, que le contaría unas vivencias totalmente distintas de las suyas en el pueblo, pero no por ello menos interesantes para él. Y sin embargo no sería hasta bastante más tarde, cuando Miky descubriría un hecho que marcó la vida de su amigo.

          Días después, el propio John fue quien dijo: _“Bueno, tú me has dicho la razón de tu viaje. Creo que debería decirte la mía.”

Cap 73

Miguel, como era su costumbre, se santiguó, entrelazó sus manos, y empezó a bendecir la mesa. Su amigo, avergonzado, dejó todo e imitó su gesto.

Cuando terminaron de cenar todavía era pronto, de modo que John dijo:

_“Vayamos a sentarnos frente al mar, allí podremos hablar cómodamente”… …con unas copas de licor, le hubiese gustado añadir, pero juzgó más prudente no decir nada.

 Nada más sentarse, el americano preguntó:

_“Volviendo a lo de antes, Miky ¿vas a contarme de una vez por todas cuál es el motivo de tu viaje?”

Miguel, probablemente debido a los efectos del champán, se sentía tan seguro de sí mismo que empezó a hablar. Cuando terminó, John dijo:

_“Me parece admirable lo que vas a hacer. Siento de veras no tener esa fe. Te envidio.”

Miguel sintió lástima por él. Se decidió a ayudarle, pero quedaban días por delante. Por ahora prefirió cambiar de tema, y señalando al cielo dijo:

_“¿Ves esa estrella que está muy, muy cerca de la luna? Una pequeña que titila.”

John asintió. Miguel continuó hablando dulcemente:

__“De niño, las noches en que la luna brillaba tanto como hoy, mi madre y yo solíamos sentarnos en el porche, y allí, la escuchaba contar historias acerca de la luna. Ésta que te voy a contar era mi favorita.”

_“Cuando Jesucristo Nuestro Señor murió por nosotros,  cuenta la leyenda que Dios desde el cielo no dejó de llorar ni un momento. Sus lágrimas caían y caían. Una de ellas al caer pasó cerca de la luna. Y al verla tan hermosa, se enamoró de ella y quiso quedarse a su lado para siempre. Sin embargo nunca olvidaría por qué había sido derramada, la muerte de un hombre. Del hombre que iba a salvar al mundo. Ese pensamiento la hizo temblar. Pero entonces Dios, en su infinita misericordia, conmovido ante lo que le ocurría a esa pequeña lágrima, permitió que nunca se apartara de la luna, y siempre que un hombre se convirtiera, ella dejaría de temblar y brillaría intensamente. Y sintiéndose feliz ante ese amor tan puro, Dios decidió que todas sus lágrimas se transformaran en estrellas.”

 Transcurrieron unos minutos de silencio, en los que tan sólo se oía el rumor del mar y a lo lejos, las risas de los pocos pasajeros que aún estaban cenando. Miguel sonrió, y miró a John. Dirigía sus ojos al cielo llorando.

FELIZ NAVIDAD

Como ya os he dicho, no me encuentro bien. Por eso quiero aprovechar este momento en que mi alma está llena de paz para deciros algo, algo que un día nació en mi corazón y ni siquiera en mis peores momentos se va, sólo queda oculto por un velo de tristeza. Tengo muchísimo miedo a que ese velo me impida vivir mi Navidad siempre esperada. Pero lo que nunca podrá impedirme es compartir con vosotros ese algo de que os hablaba: es un niño en un pesebre que viene a salvar al mu1ndo. Déjale entrar también en tu corazón y ojalá podamos todos sentir su amor en estas fiestas y siempre.

Mi nacimiento

FELIZ NAVIDAD PARA TODOS

Cap 72

Ya sentados, no tardó en aparecer un solícito camarero que sonriendo dijo:

_“Buenas noches. ¿Desean los señores tomar un aperitivo antes de que se sirva la cena?”

Los dos amigos, pues ya sin saberlo lo eran, y lo serían para siempre, eligieron, por iniciativa de John, el mejor champán de la casa. Ante un asustado Miguel, que dijo que aquello iba a resultar muy caro, John se limitó a decir:

_“La noche no merece ninguna otra bebida. Si hubiera cenado solo igual hubiese pedido champán. ¿Y que mejor que compartirlo con usted?”

_“Por favor, llámeme Miky.”

_“Ok. Y tú a mí John. Y dime, Miky, viendo el alzacuellos que llevas en tu camisa podría suponer que vas hacia África con la intención de evangelizar a algún recóndito poblado del bellísimo continente negro. ¿Me equivoco?”

_“Bueno, no es exactamente lo que imaginas, aunque  se trata de algo similar…”

John, ajeno por completo al rostro de preocupación de Miky, que no sabía si confiarle sus intenciones, intentaba descorchar la botella.

_“¡Vaya, parece que este champán se me resiste!”

Justo cuando Miky se acercaba para ayudarle, la botella empezó a moverse, y el tapón salió disparado hacia el cielo ante los ojos atónitos de ambos, que rieron divertidos al ver como habían conseguido evitar que el corcho les diera en las narices. Con la botella desbordándose, John se apresuró a llenar las copas, y ofreciéndole una a Miguel, dijo:

_“Brindemos por esta noche tan maravillosa que tenemos. ¿Te parece?”

_“Si, brindemos por ella.”

En eso estaban cuando llegó el primer plato: cocktail de mariscos. Miguel recordó, siendo niño, todas las fiestas de Navidad en que su tío les preparaba unos platos llenos de ricas gambas. Él siempre soñaba con que algún día las podría comer servidas de un modo tan elegante como aquel. Y ahí estaban. Justo entonces John dijo:

_“¡Mmm, qué  buena pinta! Disfrutemos de este manjar.»

Al oír esa palabra  Miguel sintió vergüenza. Manjar. Era comida de ricos. Y él la estaba mirando con gula. John, adivinando su pensamiento añadió:

 _“Vamos hombre, yo te estoy invitando. Sería grosero no aceptar una invitación. No creo que Dios quisiera que desairaras a un recién conocido, ¿no? Además, creo que lo mereces.”

_“Apenas me conoces. No imagines tan deprisa que merezco nada. Puede que sea un cura poco…”

_“¿Lo eres?”

_“Espero que no.”

_“¿Entonces?”

_“Tienes razón. No creo que Dios se enoje…”

_“¡Claro que no!” Y cogiendo el cubierto sonrío a Miky, y se dispuso a empezar. Pero  justo en ese momento,

Lo siento

Sé que no estoy cumpliendo y os pido disculpas. El motivo es que no estoy muy allá. Me bajaron unas pastillas,y el efecto fue negativo: ahora mismo mis neuronas están descontroladas, van por donde quieren y me vuelven el cerebro del revés. Todo lo que hago me parece mal, y encima olvido hacer lo que debo, como escribiros, hasta me cuesta pensar que esto es transitorio aunque gracias a Dios, tengo personas que me lo recuerdan.

Y lo más importante, tengo a Dios que siempre camina a mi lado.

Me gusta

Me gusta mucho que leais mi libro. Intenté editarlo, pero…

Espero que os esté gustando, creo que es una historia muy tierna y desdeluego me hubiera fascinado ser protagonista de esta aventura. No ha podido ocurrir, pero soy consciente de que Dios nos abre puertas a cada uno para poder realizarnos. Y por eso no estoy triste, sino alegre, porque sé que tras mi puerta, estás tù leyéndome.

EN ALTAMAR. Cap 71

Apoyado en la borda, Miguel no se percató de que un hombre se paraba a su lado.

_“Hace una noche espléndida, ¿verdad?”

Sólo fue al escuchar aquella voz cuando se permitió mirar a su alrededor por primera vez. Desde que habían embarcado, hacía ya unos días, había estado enfrascado en sus pensamientos. Su intención era férrea, ir a Namibia y hacer allí lo que debía y quería hacer. Pero como siempre, no podía evitar sentir un horrible temor al fracaso. Algo aturdido tardó unos segundos en reaccionar, pero rápidamente vio que aquellas palabras eran más que ciertas. Se giró y sonriendo dijo:

_“Tiene usted toda la razón, señor…”

_”Folk, John Folk. Soy americano.”

_”Encantado. Mi nombre es Miguel Soler. Disculpe si no le he dado el aspecto de ser una compañía divertida. Creo que no estoy en mi mejor momento.”

_“¡Claro que sí! No se preocupe, cualquiera puede tener un mal día.”

En ese momento sonó el timbre anunciando la cena.

_”¡Vaya, hora de cenar!» exclamó el americano «¿Qué le parece si seguimos conversando mientras cenamos?”

A Miguel le pareció un poco arriesgado cenar con un total desconocido, pero lo cierto es que estaba seguro de que le vendría bien distraerse un rato y dejar de pensar en tantas cosa malas que no tenían por qué ocurrir. Si cenaba solo, sabía que iba a estar dando vueltas a todo aquello, con el resultado probable de dormir mal. De modo que aceptó.

Cap 70

Por eso tuve enseguida claro a qué clase de obra destinarlo. Desde niño siempre he sufrido mucho viendo las imágenes de niños desnutridos sin un hogar donde cobijarse, y de padres llorando al sentir impotencia ante el futuro de sus hijos. Mi tío tenía un amigo del seminario que era misionero en África. Cuando venía a España, siempre le visitaba y alguna vez pude escucharle hablar de su querida África. Al mismo tiempo que contaba historias maravillosas de personas con un espíritu alegre y bondadoso, y con un corazón humilde, también susurraba con lágrimas en los ojos lo terrible que era ver gente morir y a otros sufrir, y sin embargo mantener siempre viva la llama de la esperanza. Decía que teníamos muchísimo que aprender del pueblo africano. Y aunque a veces echara de menos su país, él veía a Dios en los ojos de esa gente, y por eso estaba allí sufriendo con ellos, y esperando que algún día  pudiera mirarse en un espejo y descubrir que Dios también  estaba en sus ojos. Sabía que su destino era estar allí. 

¿Y sabe qué  Padre? Yo también quiero ver a Dios en los míos. Y por eso voy a irme a África. Ése es mi destino.  Y con este dinero pienso construir casas para que esos niños tengan cobijo y sus padres puedan soñar con un futuro para ellos.”

Don Paulino llorando miró a Miguel y le aseguró que no dejaría de rezar un solo día de su vida pidiendo a Dios que siempre le cuidase.

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Cap 69

_“Bueno, pues cuando Marta se fue, volví a encender la radio, que había apagado mientras ella me hablaba. No la había vuelto a poner aún en la emisora correcta. Justo lo iba a hacer cuando el chico de la lotería volvía a repetir el número ganador. Yo tenía el billete al lado, y cuando vi que era el mismo número, tuve que sentarme.”

El que si tuvo que sentarse, y esta vez sin poder disimular su dolor, fue Don Paulino, que quiso levantarse para abrazar a su amigo; éste le pidió que por favor no hiciera esfuerzos.

_“¿Pero cómo no voy a hacer esfuerzos hijo, cómo no voy a hacer esfuerzos? Es… es… es increíble ¿te das cuenta del dinero que has ganado? ¡Dios mío, es increíble!”

_“Si, la verdad es que si. Pero desde el primer momento he sabido lo que debo hacer. Ni más ni menos que lo que me dijo su anterior dueño, y también aquella viejecita de quien le hablé: dar paz y felicidad a los demás.