Cap 63

Al llegar, llamó a la puerta y, Celestina, el ama de llaves, le abrió. Sonriendo, le hizo pasar. Le ofreció una taza de café, que Miguel aceptó encantado, y corrió a la cocina a prepararlo. No hacía ninguna falta que le indicara a Miguel el camino. Llevaba años visitando casi diariamente a Don Paulino. Sus conversaciones eran de lo más variadas. A veces versaban en la religión, y el Padre daba consejos a Miguel. Pero otras veces eran un sano cotilleo, y Don Paulino disfrutaba de lo lindo con las historias que le contaba. Y  a Miguel le parecía bien. El pobre anciano tenía derecho a tener alguna licencia. Su enfermedad le obligaba a pasar mucho tiempo tumbado en la cama o sentado en su sillón. Pero hoy la conversación iba a ser distinta. Verdaderamente Miguel estaba muy excitado. Tenía una noticia importante que darle, de modo que llamó a la puerta de su habitación y entró.

_“Buenos días Don Paulino. ¿Cómo estamos hoy?”