mi fe

El sábado 6 de noviembre tuve un ataque de rabia porque me temblaban mucho las manos y algo no me salió cómo yo quería. Al irme a acostar mi cuidadora lo notó, y al contarle, su respuesta fue:

No debes sentir rabia porque eso es ofender a Dios. Él quiere que sintamos siempre alegría, la alegría de vivir que Él nos regala a cambio de su amor.

Yo estuve meditando sus palabras y pidiendo a Jesusito con mucha fe que me ayudara, y ¡SI! Los muchos ejercicios que hice y, por encima de todo, mi absoluta fe en Dios, obraron el milagro. Y es que

¡¡¡LA FE MUEVE MONTAÑAS!!!