Cap 60

Estaba siendo un invierno muy duro. Esa mañana, Miguel debía ir a visitar a los señores Castro, unos ancianitos encantadores. La pobre señora Castro padecía unos tremendos dolores de espalda, que cada cierto tiempo le obligaban a permanecer acostada. Las visitas del párroco en tiempos de crisis siempre le aliviaban. Tras pasar largo rato en la casa de la señora Castro, quien gustaba de confesarse con frecuencia a pesar, como pensaba Miguel, de que pocos pecados podía cometer a esas alturas de su vida, se dirigió a casa del antiguo párroco. Caminaba deprisa, más que nada para engañar al frío. El pobre Don Paulino no había conseguido reponerse de su última ciática, años atrás, cuando Miguel llegara al pueblo. Entonces, los dolores acabaron por hacerse crónicos, si bien el descanso y el calor de las mantas lo atenuaban. Esto andaba pensado Miguel cuando chocó de bruces con la pequeña Blanca.