Cap 68

Era la segunda persona que me había dicho que mi destino era dar felicidad a más gente. Cuando ayudaba a mi tío en la iglesia, una anciana feligresa me dijo lo mismo, y por eso dejé mi pueblo y fui al seminario.”

_“Alomejor” interrumpió Don Paulino, ya excitadísimo, “las palabras del chico eran un  aviso del cielo para…”

_“Espere, espere, Padre. Deje que le cuente el final de la historia.

Ya han pasado unos días desde entonces y no había vuelto a pensar en ello. Ni siquiera recordaba lo que había hecho con ese billete.

Pero justo en ese momento  llegó Marta que me traía mi sotana lavada y planchada. Mientras la metía en el armario, me dijo:

_“¡Ah! Padre, por cierto, cuando fui a lavarla, encontré en el bolsillo un papel doblado. Debe tener más cuidado, porque yo ya soy vieja y muchas veces olvido mi buena costumbre de mirar en los bolsillos. Mi marido es  igual que usted ¿sabe? Más de una vez ha perdido notas importantes que aparecieron días después hechas trizas. Por eso ahora es más cuidadoso. ¡Sólo por eso, eh, no vaya usted a pensar que es por otra cosa! Para todo lo demás…¡uuuuh!… en fin. No quiero hablar mal de él. Aquí en la mesa se lo dejo. Disculpe que me vaya tan deprisa pero tengo mucho que hacer…”

“No se preocupe, vaya Marta” le dije algo aliviado; porque me reconocerá usted que Marta es buenísima mujer, pero a veces habla por los codos.”

Don Paulino rió con ganas, afirmando enérgicamente con la cabeza.

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Cap 67

Rebuscó en sus bolsillos y sacó un billete de lotería bastante arrugado.

_“Es lo único que tengo ahora, pero seguro que le da suerte.”

Y la verdad es que me la dio. Creo que Dios quiso que pasara.”

Don Paulino no podía más del nervio que tenía.

_“Verá, ya sabe que yo siempre escucho el Rosario en la radio todas las mañanas cuando me despierto. Bueno, pues esta mañana al encender  mi transistor, empezó a hacer unos ruidos muy feos y la emisora no respondía. Imaginé que serían las pilas, de modo que la apagué y fui a buscarlas. Cuando iba a colocarlas, debí darle  por descuido a la ruedecita que cambia las cadenas, y al encender de nuevo la radio, escuché la voz de un hombre que anunciaba con mucha alegría el número ganador de la lotería. Decía  que la persona que resultara premiada   ganaría una auténtica fortuna. Yo ya había olvidado por completo el billete que me había dado aquel chico… por supuesto no le di importancia. Pensé, eso sí, que había tenido un lindo detalle dándome eso, y sólo lo acepté porque noté que el pobre chaval se iba a ofender si no lo cogía.

_“Si le toca Padre, dé Paz a  más gente, como ha hecho con mi padre y conmigo. ¿Sabe qué? Me parece que tiene usted un corazón enorme y hará muy felices a  muchos otros. Y se lo digo muy en serio, eh. Hágalo por mí, ¿quiere?”

Cap 66

_“No le riña a él, fui yo quien dejó caer el agua. De veras lo lamento. Le pagaré lo que haga falta.”

Su padre se quedó callado y finalmente dijo:

_“Bueno, tal vez me he apresurado un poco. Mire Padre…”

_“Entiendo la situación. No tiene que disculparse, comprendo que le enoje perder un pienso tan bueno… Sólo venía a felicitarle por su espectáculo y a desearles buen viaje.”

Empezó a ponerse rojo. Su cara era la máxima expresión de culpa que haya visto nunca. Supongo que se sentía avergonzado.

_“Gracias Padre. Por favor, perdone mi mal genio.” Cambiando el tono prosiguió “es muy amable por su parte venir a despedirse. No se preocupe por el pienso, porfavor Yo..”

Estaba bastante azorado. Afortunadamente para él, una voz desde dentro le llamó. Se disculpó conmigo, dándome de nuevo las gracias, y se marchó hacia donde venía la voz.

_“¡Vaya Padre, gracias!”

Sonreí, e inmediatamente me acerqué al lugar donde había quedado la palangana, con apenas un fondo de agua, y la empujé sobre el saco prácticamente vacío.

_“¿Por qué hizo eso?”

_“Bueno” le dije “no me gusta mentir…”

_“¡Ja, ja, ja. Es usted increíble! Cuando mi padre se enfada, pueden temblar hasta las paredes, pero en el fondo es muy bueno.”

_“Lo creo, y tú también lo eres. Por eso quise evitarte un mal rato.”

_“Lo consiguió Padre.” Entonces me  dijo que quería dejarme un recuerdo suyo, pero no sabía qué.

Cap 65

..oí una voz dulce que cantaba y en seguida pude ver cómo un chico acariciaba con mucho cariño la  cabeza de un elefante, mientras le susurraba al oído una canción. Éste parecía corresponder a sus caricias rozando la mejilla del niño con su trompa. Supongo que así contado no parece gran cosa, pero le aseguro Padre que nunca he visto una escena más enternecedora.”

_“Le creo, Miguel, le creo.”

_“El caso es que el chico me vio y me llamó. Resultó ser el hijo del dueño. Cuando le dije lo mucho que me había emocionado observar su relación con el elefante, me contó que le conocía desde pequeñito y desde entonces se habían hecho grandes amigos. Hablamos un buen rato mientras él le aseaba cuidadosamente. Me contó que para él ese elefante era como su hermano, habían crecido juntos y formaba parte de su vida. Era realmente conmovedor oírle hablar así de un animal. Cuando ya me iba para despedirme de su padre, el chico se acercó a mí con tan mala suerte que derramó la palangana del agua donde bebía el elefante que cayó sobre la bolsa llena de pienso. Mientras le ayudaba a sacar el poco pienso que quedó seco, apareció su padre. Al ver el estropicio montó en cólera, gritando al chaval que era poco cuidadoso y diciéndole cada vez más enfurecido lo caro que era ese pienso y lo mucho que iba a desbarajustarles el presupuesto. Decidí intervenir.

Cap 64

Nada más verle, el anciano sonrió desde el lecho y se irguió, sin poder ocultar cierto esfuerzo.

Miguel, quitándose el abrigo rápidamente acercó una silla a la cama. Tras comentar su encuentro con Blanca, a quien Don Paulino también calificó de guapísima, aunque demasiado traviesa, dijo:

_ “¿Sabe Padre? Creo que lo que voy a contarle le gustará mucho.”

Don Paulino, bastante nervioso tras las palabras de Miguel, se acercó lo más que pudo a él. Éste, contento de hacerle olvidar sus dolores por un rato, continuó:

_“¿Recuerda los días que pasó aquí aquel circo ambulante?”

_“Sí claro. ¿Cómo lo voy a olvidar?

_“Entonces tal vez recuerde que Blanca insistió en que yo fuera, y lo cierto es que debo agradecérselo porque sinceramente mereció la pena. Bueno, pues el día en que se marchaban pensé que sería un bonito detalle acercarme a decirles cuánto nos había gustado el espectáculo, y  desearles buena suerte en su gira. Cuando me acercaba…

La misericordia de Dios

A veces me da la impresión de que sólo vivo con medio cuerpo.  A veces quiero hacer algo, pero me tiembla tanto el brazo que no acierto en ello. Entonces ocurre: mis dedos están apenas a unos milímetros de la meta y de pronto se detienen, como paralizados. Y surge la sensación. Esa sensación de estar sólo medio yo en la tierra y la otra mitad quién sabe donde. Quisiera creer que en el cielo, pero pecaría de soberbia.  Tan solo sè que toda mi vida, la que siento y la que q veces no siento, toda, es un regalo de Dios y por eso no debo preocuparme pues mi vida está en sus manos y sé que nada malo saldrá nunca de unas manos tan misericordiosas.

Cap 63

Al llegar, llamó a la puerta y, Celestina, el ama de llaves, le abrió. Sonriendo, le hizo pasar. Le ofreció una taza de café, que Miguel aceptó encantado, y corrió a la cocina a prepararlo. No hacía ninguna falta que le indicara a Miguel el camino. Llevaba años visitando casi diariamente a Don Paulino. Sus conversaciones eran de lo más variadas. A veces versaban en la religión, y el Padre daba consejos a Miguel. Pero otras veces eran un sano cotilleo, y Don Paulino disfrutaba de lo lindo con las historias que le contaba. Y  a Miguel le parecía bien. El pobre anciano tenía derecho a tener alguna licencia. Su enfermedad le obligaba a pasar mucho tiempo tumbado en la cama o sentado en su sillón. Pero hoy la conversación iba a ser distinta. Verdaderamente Miguel estaba muy excitado. Tenía una noticia importante que darle, de modo que llamó a la puerta de su habitación y entró.

_“Buenos días Don Paulino. ¿Cómo estamos hoy?”

mi fe

El sábado 6 de noviembre tuve un ataque de rabia porque me temblaban mucho las manos y algo no me salió cómo yo quería. Al irme a acostar mi cuidadora lo notó, y al contarle, su respuesta fue:

No debes sentir rabia porque eso es ofender a Dios. Él quiere que sintamos siempre alegría, la alegría de vivir que Él nos regala a cambio de su amor.

Yo estuve meditando sus palabras y pidiendo a Jesusito con mucha fe que me ayudara, y ¡SI! Los muchos ejercicios que hice y, por encima de todo, mi absoluta fe en Dios, obraron el milagro. Y es que

¡¡¡LA FE MUEVE MONTAÑAS!!!

Cap 62

_“Perdone el empujón Padre.”

_“No pasa nada, de veras.”

_“Venimos de hacer una visita a Don Paulino. Blanca quería enseñarle su piedra rosa. La encontró en el río y está muy ilusionada. Dice que es mágica…”

_“Los niños tienen una fantasía que ya quisiéramos los mayores. Y lo realmente maravilloso es que a esa edad nunca mienten.”

_“Bueno, no sé qué decirle Padre, Blanca a veces engaña a su madre con eso de haber terminado de comer, o de haber recogido  el cuarto…”

_“Pero como usted mismo dice, Don Severino, sólo son engaños. Intentos de salirse con la suya. A esa edad los niños no saben lo que es mentir, porque todavía no entienden el concepto. Ni siquiera cuando lo usan, saben bien lo que dicen… los niños son una auténtica bendición, son lo mejor que tenemos, Don Seve, lo mejor.”

Desde lejos, se oyó una voz.

_“¡Venga, abuelo, date prisa!”

Y disculpándose, el alcalde echó a correr hacia donde estaba la niña. Miguel sonrió y siguió su camino. No tardó mucho en llegar a su destino.

Cap 61

Salía de una esquina con paso veloz, y no pudo evitar precipitarse contra él, pero éste, haciendo muestra de su paciencia y su buen talante habitual, sonrió a la  niña. Detrás venía Don Severino:

_“¡Blanca, te he dicho mil veces que no dobles las esquinas corriendo!”

_“No la regañe Don Seve, sólo es una chiquilla de cinco años…” y subiéndola por los aires, gesto que hizo reír de pura felicidad a la niña, añadió: “…y además preciosa.”

Era cierto. La nieta del alcalde, hija de la joven Lydia, era una preciosa niña de cara alegre  y sonrisa permanente. Tenía el cabello negro y brillante como su madre. Miguel recordaba perfectamente el día que la casó. Era la felicidad personificada. Todavía se acordaba que, aunque algo nervioso al principio, ella fue quien, con su cara de dicha, le transmitió la paz y serenidad que necesitó. Había sido un enlace maravilloso para todos.

_“¡Padre, mire, mire!”

La pequeña le mostraba su última adquisición: una piedra redonda y aplanada de color rosa pálido.

_“¡Vaya, qué bonita!”

Dijo, dejándola en el suelo. La niña echó a correr, probablemente para enseñar su tesoro a la abuela.