Cap 44

_“Anda, vamos. Hoy los chicos del hospicio celebran una fiesta. ¡No nos la podemos perder!”

En cuanto se pusieron de pie, Miguel hundió la cabeza en sus  manos. Gracias a este gesto, los chicos le ignoraron pensando simplemente que era un seminarista dedicado a sus rezos. Y en cierto modo así era, pues Miguel no paraba de agradecer a Dios el haber puesto esas palabras en boca de Dit. Su plan funcionaba a la perfección, pero ahora no sólo eran el Padre y él los artífices. Dios había decidido ayudarles.

          Justo cuando Dit, Fran y Miguel, que al poco se les unió, caminaban hablando muy animados sobre el festejo, una chica salió corriendo de una esquina cuando ellos pasaban, llevando un montón de guirnaldas y flores de papel en las manos. Chocaron. Como era de esperar, todas acabaron en el suelo. Dit  gritó: