Cap 40

Los niños les llenaban de besos, y eso hizo que casi olvidaran todo lo que habían trabajado.

Cuando por fin hubieron terminado, Dit, vigilado de cerca por Miguel, se dirigió a su pequeña capilla. Entró por la puerta abierta y rápidamente se percató de que no estaba solo, dentro se escuchaban unos sollozos. Se acercó al altar, momento que Miguel aprovechó para tomar asiento en el último banco. Dit   carraspeó para avisar al chico de su presencia.

_“Perdona, no quise asustarte.”

_“No me has asustado.”

_“Si prefieres estar solo, me iré.”

_“No, quédate por favor.”

Casi parecía una súplica.

_“Necesito la compañía de alguien.” Y las lágrimas volvieron a inundar sus ojos. Dit se acercó y se sentó a su lado. Miguel, desde el fondo, prestaba la máxima atención. El muchacho parecía verdaderamente triste