Cap 37

El padre Jonás se frotaba las manos nervioso. Lo que estaba diciendo no era mentira. ¡No señor! Dios sabía que era bien cierta la necesidad de reconstruir las viviendas de sus chicos. Pero no era eso. Lo que le mantenía inquieto era la finalidad de todo eso. Era buena, él lo sabía, pero a la vez le estaba escondiendo a su amigo el verdadero motivo de su visita. Pero bueno, pensó, no hago nada a espaldas de Dios, y además Él sabe por qué lo hago, y además…

_“Pero bueno, ¿me vas a contar o no qué es lo que quieres?”

_“Bueno, quisiera llevarme a algunos de tus seminaristas para que me ayuden con la construcción de las viviendas. Yo sé, porque tú mismo me lo has comentado, que muchos de los jóvenes que estudian aquí tienen nociones de carpintería… y los chicos del hospicio no… ya sabes que la mano de obra es cara. De veras, Julio, te agradecería tanto si…”