Cap 35

_“Bueno, creo que ya no es necesario buscar nada.”

Fueron todos al seminario y cuando le contaron la historia a Don Julio, también le sorprendió lo ocurrido.

_“Sin embargo” dijo extrañado, “no acabo de entender cómo pudo hacerse un agujero en la pared.”

El hombre sonrió:

_“Eso tiene fácil explicación. El párroco fue quien me dijo, nada más construir la pared, que hiciéramos un agujero para que pudiera entrar el aire y ni el lienzo ni las piezas se estropearan demasiado, porque estaba seguro de que alguien que supiera apreciarlas, las encontraría algún día.”

_“¡Y tenía razón!” El que habló  fue el Padre Jonás, “¡Claro que si, ha sido todo un hallazgo! Propongo que limpiemos las copas.”

          Esa noche, en su habitación, Miguel se tumbó en la cama. Su compañero dormía profundamente. Cerró los ojos. Empezó a imaginar cómo sería aquel hombre tan maravilloso que prefirió morir antes que ver destruida la morada de Dios.

“Hiciste como Jesús: moriste para salvar lo que tanto amabas…”

Con ese pensamiento, se durmió.