Cap 24

Al día siguiente el Padre llegó cuando aún los chicos no habían terminado sus rezos. ¡Tenía tantas ganas de averiguar aquello! En cuanto terminaron, llamó a Miguel, a quien bien conocía por ser el bibliotecario, y a otro chico, y marcharon hacia su destino.

El ayuntamiento aún estaba cerrado al público. Decepcionados se dieron la vuelta, viendo que la tienda del señor Molín sí estaba abierta.

_“Entremos ahí a comprar unos botes de cera para limpiar un poco todo lo que habeis encontrado.”

Justo cuando entraban, el dueño, un viejito regordete y de aspecto simpático, salía de detrás de unas cortinas. Al verlos, les dedicó una inmensa sonrisa de bienvenida, y limpiándose las manos dijo: