Cap 32

El chaval exclamó:

_“¿Eso crees, eh?”

Le agarró por la sotana echándole hacia fuera, a la vez  que él se apartaba también. Mi amigo sonreía. Aquello era justo lo que él quería. Pero cuando colocaron al pobre cura en el muro para fusilarle, no pude aguantar más. Grité _“¡Nooo!” y corrí a aferrarme a  él. Me había delatado…”

Bajó la cabeza llorando. Miguel también lloraba. En un gesto instintivo se acercó al hombre y le puso la mano en el hombro para compartir su dolor. Sonrió y continuó.

_“El hombre que estaba al mando me agarró y me arrojó a un lado mientras gritaba que era la vergüenza del grupo, que como castigo iba a ver morir a mi amigo, y que después vería lo que hacía conmigo.”

El recién llegado hizo otra pausa. Lloraba de nuevo.

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Cap 31

Él me respondió que debía volver, pero yo le contesté que no lo haría si él no se marchaba. Dijo que siendo así, se iría. Nunca pensé que me estuviera engañando. Pero lo hizo, regresó. Cuando llegamos los milicianos y entramos, vi algo increíble. El párroco estaba quieto delante de la estatua del santo que habíamos colocado hacia unas horas. Le estaba echando incienso, ajeno a lo que ocurría a sus espaldas. Él no era tonto y sabía bien  que el olor no permanecería tanto tiempo. Uno de los chicos acercándose gritó:

_“¡¡Bufff, que peste hay aquí!! ¿Qué coño has echao, viejo?”

_“Es incienso. ¡ Y no huele mal! Hoy celebramos el día de San José y siempre se echa incienso a la estatua del santo que corresponda. Supongo que no lo sabías. Pero no serás tú quien me impida bendecir a San José.”

Cap 30

Miguel sonrió, asintiendo y admirando al viejo párroco. El Padre estaba loco por conocer el resto de la historia, así que afirmó con la cabeza sin decir nada. _“Pusimos unos clavos y colgamos el cuadro y el saco. No tardamos demasiado en construir la pared. Lo malo fue la diferencia con el muro original pero  decidimos disimularlo poniendo delante una estatua de San José muy grande que había en otro lugar.  El problema ahora era que el cemento no se había secado del todo, y aquello olía muchísimo. Mi amigo fue  quien sugirió que echáramos incienso alrededor de la estatua. Pensé enseguida que el olor no duraría mucho, pero no dije nada. Sólo quería que se marchara de una vez. Pero nada, no había forma de convencerle. Le dije que mis compañeros  estaban a punto de levantarse y si yo no estaba allí, tendría problemas

Cap 28

Una vez allí, reunió rápidamente todas las piezas que quiso, y  las introdujo en un saco vacío que halló en el exterior. Yo le dejaba hacer. Cuando vio el cuadro que había sobre el altar me dijo que no podíamos dejar que quemaran algo tan bello. Yo le dije que era demasiado pesado para huir con ello. Pero él me respondió que no pensaba huir. Y que nos diéramos prisa en buscar un escondite para ocultar todo aquello. En mi desesperación, no sé cómo recordé haber visto al entrar unos sacos llenos de ladrillos y unos cubos con cemento. Pregunté y me dijo que los estaban utilizando unos obreros para  reparar la sacristía. Le conté lo que íbamos a hacer: construiríamos una doble pared y esconderíamos dentro la bolsa y el lienzo. Le  dije que tenía cierta experiencia en levantar una pared en poco tiempo. Así pensé que cuanto antes se marchara mejor. Escogimos bien el lugar para construirlo…que, por lo que parece, conocen bien.”

Cap 27

A estas alturas de la historia, el señor Molín, y Miguel más que ningún otro, estaban completamente hipnotizados. El recién llegado continuó: _“Tuve que actuar con gran cautela. Una vez me cercioré de que todos dormían, salí sin hacer ruido, y corrí hacia la casa del párroco. Le desperté y le conté lo que iba a ocurrir a la mañana siguiente. Debía escapar. Lo más probable es que le fusilaran tras obligarle a contemplar como sacaban todo al exterior y quemaban la iglesia. El  pobre no paraba de decir que nunca permitiría a nadie profanar la casa de Dios, y que fuéramos para allí. Yo intentaba convencerle para que escapara, pero decía que nunca abandonaría su iglesia. Sabía que era muy cabezota, así que preferí no discutir con él. Ya habría tiempo para convencerle.

Cap 26

Todos se dieron la vuelta. En la puerta, un hombre desconocido repitió:

_“No lo encontrarán. Disculpen mi intromisión, pero llevo aquí unos minutos  y he podido escuchar toda su historia. No crean que soy un vulgar curioso, lo que ocurre es que al oírle hablar de unas reliquias halladas tras el muro de la vieja iglesia, el tema me interesó, y sin poder evitarlo, me quedé a escuchar. Por una sencilla razón. Yo ayudé para que esas joyas fueran ocultadas.”

Quedaron asombrados. El hombre se acercó.

_“Verán, yo nací en este pueblo, pero las circunstancias me obligaron a abandonarlo muy joven, y marcharme a vivir lejos de aquí. Acabo de regresar.”

Todos le miraban con el máximo interés.

_“ Como sabrán, durante la guerra civil hubo una gran persecución al clero por parte del bando republicano. Yo era un joven de izquierdas, pero siempre he creído en Dios, y conocía al párroco desde que era niño. Impulsado por mis ideales, me alisté en las milicias republicanas. Al poco de estallar el litigio, se empezó a saquear y quemar iglesias. Una era ésta. Cuando llegó el momento, esa noche decidí llevar a cabo mi plan.”

Cap 25

“Buenos días. Acabo de abrir hace unos minutos, siento tener las manos sucias. Es que he estado buscando unas cajas…”

Dejando el paño a un lado del mostrador, continuó:

_“Creo que tengo que decidirme a poner orden en esa habitación, porque nunca encuentro nada. ¿En qué puedo servirles?”

Todos conocían de sobra al anciano, pero sabían que el pobre señor Molín estaba perdiendo la memoria, y muchas veces no reconocía a las personas. Por eso, respondiéndole a su vez con una sonrisa, el Padre dijo:

_“Quisiera comprar dos tarros de cera abrillantadora. Por favor, cárguelos a nombre del director del seminario.”

Sabiendo cómo gustaba el pobre octogenario de las historias misteriosas, se acercó al mostrador, y haciéndole un gesto para que  se aproximara, le empezó a contar:

_“Realmente, necesitamos esta cera para algo muy importante, hemos hecho un gran descubrimiento.”

Y procedió a contarle todo lo ocurrido, para gran deleite del señor Molín.

_“En cuanto abra la biblioteca, iremos a buscar algo en los archivos.”

_“No lo encontrarán.”

La sabiduría de Dios

No devolváis mal por mal o insulto por insulto; al contrario, responded con una bendición, porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

Cap 24

Al día siguiente el Padre llegó cuando aún los chicos no habían terminado sus rezos. ¡Tenía tantas ganas de averiguar aquello! En cuanto terminaron, llamó a Miguel, a quien bien conocía por ser el bibliotecario, y a otro chico, y marcharon hacia su destino.

El ayuntamiento aún estaba cerrado al público. Decepcionados se dieron la vuelta, viendo que la tienda del señor Molín sí estaba abierta.

_“Entremos ahí a comprar unos botes de cera para limpiar un poco todo lo que habeis encontrado.”

Justo cuando entraban, el dueño, un viejito regordete y de aspecto simpático, salía de detrás de unas cortinas. Al verlos, les dedicó una inmensa sonrisa de bienvenida, y limpiándose las manos dijo:

Cap 23

Casi sintiéndose obligado, el Padre se sentó y el director le explicó de la forma más abreviada posible todo lo sucedido. Siempre había sido un gran admirador del arte, y este hallazgo era par él, más que para nadie, algo fabuloso.

_ “¿Sabes Julio? Estas piezas parecen muy antiguas. Y valiosas.”

Se levantó y se acercó al muro recién derribado.

_»Es increíble, realmente increíble.” Y volviéndose hacia el director continuó “como sabrás, esta capilla es bastante antigua. Fue construida a principios del siglo pasado, hará apenas treinta años que se construyó el edificio colindante que hoy es el seminario.”

Hubo un breve silencio, y el Padre sentenció:

_“Éste ha sido un gran hallazgo. Creo que deberíamos consultar los archivos del pueblo. Seguro que allí encontramos algo interesante.”

y mirando su reloj, sentenció:

_” Ya es tarde. Mañana a primera hora iremos.”