Cap 8.

Un buen día, el joven Miky se despidió de su familia, subiendo a un autobús que le llevaría a la ciudad. Allí ingresaría en el seminario. Después de llorar largo y tendido, la señora Soler tuvo que reconocer la felicidad que vio en la cara de Miguel el día en que recibió la llamada confirmándole su ingreso en el seminario. Para consolarla, su hermano le dijo: _“Milly, es verdad que tu ilusión de tener nietos se perdió, pero a cambio ganaste algo mil veces mejor. Ganaste un hijo que no sólo tendrá unos cuantos retoños a los que querer, tendrá un mundo a quien amar y de quien poder sentirse orgulloso. Y tú también debes de sentirte orgullosa.” La señora Soler sonrió

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