Cap XII 1

Por último, quiero contar una historia preciosa que he leído, y que ilustra perfectamente la idea que te quiero transmitir:  La señora Pepita, una ancianita bien equilibrada y orgullosa de tener 92 años de edad, estaba completamente lista como cada mañana a las 8 en punto, con su cabello bien peinado y un maquillaje perfectamente aplicado pese a ser casi ciega, dispuesta a mudarse hoy a un asilo de ancianos. El que había sido su marido durante 70 años había muerto, lo que hacía necesario el traslado. Después de muchas horas de esperar pacientemente en la recepción del asilo de ancianos, ella sonrió dulcemente cuando le comunicaron que su habitación ya estaba lista.