Cap X 4

Ahora bien, esto no quiere decir que debas abandonar la idea de ser feliz por ser tan difícil. No. Lo único que te sugiero que pienses es que tal vez la auténtica felicidad no esté ahí, sino en algo mucho más simple. Esta es más o menos, mi idea. Un ejemplo de lo más sencillo: tienes sed, muchísima sed, y de pronto, sin que te lo esperes, alguien te da un vaso de agua. Tú sacias tu sed, te sientes agradecido a la persona que te ha dado de beber, y esa persona se siente bien por haber podido ayudarte. Resultado: un estado momentáneo de felicidad. ¿Y si la felicidad fuera eso, un momento, y otro y otro…?

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¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza! Jamás el bosque dio mejor tributo en hoja, en flor y en fruto. ¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza con un peso tan dulce en su corteza! Cantemos la nobleza de esta guerra, el triunfo de la sangre y del madero; y un Redentor, que en trance de Cordero, sacrificado en cruz, salvó la tierra. Dolido mi Señor por el fracaso de Adán, que mordió muerte en la manzana, otro árbol señaló, de flor humana, que reparase el daño paso a paso. Y así dijo el Señor: «¡Vuelva la Vida, y que el Amor redima la condena!» La gracia está en el fondo de la pena, y la salud naciendo de la herida. ¡Oh plenitud del tiempo consumado! Del seno de Dios Padre en que vivía, ved la Palabra entrando por María en el misterio mismo del pecado. ¿Quién vio en más estrechez gloria más plena, y a Dios como el menor de los humanos? Llorando en el pesebre, pies y manos le faja una doncella nazarena. En plenitud de vida y de sendero, dio el paso hacia la muerte porque él quiso. Mirad de par en par el paraíso abierto por la fuerza de un Cordero. Vinagre y sed la boca, apenas gime; y, al golpe de los clavos y la lanza, un mar de sangre fluye, inunda, avanza por tierra, mar y cielo, y los redime. Ablándate, madero, tronco abrupto de duro corazón y fibra inerte; doblégate a este peso y esta muerte que cuelga de tus ramas como un fruto. Tú, solo entre los árboles, crecido para tender a Cristo en tu regazo; tú, el arca que nos salva; tú, el abrazo de Dios con los verdugos del Ungido. Al Dios de los designios de la historia, que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza; al que en la cruz devuelve la esperanza de toda salvación, honor y gloria. Amén

Cap. X 3

La segunda es que más o menos lo consigas, que llegues a ser bastante feliz, siempre según tu idea, y además logres que los que están a tu alrededor también lo sean; parece una idea estupenda ¿no? Yo personalmente no conozco muchas personas que vivan en esta situación, ¿y tú? Y además creo que la razón por la que llegar a ese “estado de cuasi-perfección” es prácticamente imposible, es bien sencilla, y es que cada persona es un mundo, y parece poco factible que todo tu entorno empiece a girar a tu alrededor, como si fueras el centro del universo. Que no, que eso no es normal y no tiene pinta de que nos vaya a ocurrir ni a ti ni a mí.

Al despertar

al despertar me saciaré de tu semblante.

Frase bella donde las haya.

No morimos. No. Dormimos. Y al despertar, veremos a Dios.

¿Hay algo mejor?

Cap.X 2

que conste que estoy de acuerdo contigo en que la idea parece muchas veces apetitosa, siempre y cuando todo el mundo pudiera disfrutarla, claro. Pero como no es así, lo mejor que puedes hacer es empezar a pensar en otra solución. Porque la hay.  Mira, yo pienso que si lo que tú quieres es que las cosas no sean como son, sino como TÚ quieres que sean, como tú piensas que deberían ser para –hipotéticamente- ser feliz, yo creo que pueden ocurrir dos cosas: la primera consiste en que no sólo no consigas la felicidad, sino que acabes hundiéndote cada vez más en la desesperación de ver que las cosas no salen como tú esperas –porque, desengáñate, esto no suele funcionar-.

Nosé si ya la mandé, pero es que me gusta tanto, que por si…

Dame tu mano, María, la de las tocas moradas; clávame tus siete espadas en esta carne baldía. Quiero ir contigo en la impía tarde negra y amarilla. Aquí, en mi torpe mejilla, quiero ver si se retrata esa lividez de plata, esa lágrima que brilla. Déjame que te restañe ese llanto cristalino y a la vera del camino permite que te acompañe. Deja que en lágrimas bañe la orla negra de tu manto a los pies del árbol santo, donde tu fruto se mustia. Capitana de la angustia: no quiero que sufras tanto. Qué lejos, Madre, la cuna y tus gozos de Belén: «No, mi Niño, no. No hay quien de mis brazos te desuna». Y rayos tibios de luna, entre las pajas de miel, le acariciaban la piel sin despertarle. ¡Qué larga es la distancia y qué amarga de Jesús muerto a Emmanuel! Amén

Cap. X 1

Y ahora, una pregunta:

¿Qué es para ti la auténtica felicidad? ¿Es tal vez aquello que deseamos –incluso envidiamos-, aquello que parece tan inalcanzable, tan lejano? Si así fuera, parecería que la felicidad distara mucho de convertirse en algo cotidiano, en algo de lo que pudiéramos disfrutar todos los días, y sin embargo creo que a todos nos gustaría que así fuera. Desdeluego para mí la felicidad es así. Ahora bien, una cosa es cierta: si eres de los que piensan que la felicidad es algo parecido a lo que te “venden” en las películas o en las revistas, entonces “apaga y vamonos”;

Los atletas que corren en el estadio corren todos, pero uno solo consigue el premio. Corred como él, para conseguirlo. Todo atleta se impone moderación en todas sus cosas. Ellos lo hacen para alcanzar una corona que se marchita; nosotros, una que no se ha de marchitar jamás.

Cap. IX 3

Haz la prueba: cuéntale algo divertido a alguien que esté pasando por un mal momento, a una persona con un nivel económico más bien bajo, incluso al pobre de la esquina…te apuesto lo que quieras a que lo más probable es que se ría. ¿Te crees que con eso no has conseguido nada? Yo pienso que cuando de verdad no has conseguido nada es cuando ni siquiera te paras frente a la persona para  contarle el chiste. ¿te acuerdas de lo de subir el primer peldaño? ¿y te acuerdas de tener decisión para llegar arriba? Pues el chiste sería el primer peldaño. La decisión la pones tú.