Cap. VII 4

Y como además soy de la opinión, bastante generalizada, de que los milagros no tienen una explicación sencilla –los ríos nacen en las entrañas de la tierra. Sin embargo nadie puede explicar cómo sigue manando ese agua desde hace siglos, ni de donde sale, pero tampoco nadie dice que sea un milagro… ¿lo es? ¿acaso la vida entera no es un milagro?-, yo creo que lo mejor es no partirse la cabeza pensando en quién merecerá un milagro y quién no, sino mas bien usar esa misma cabeza para hacer, no uno, sino mil milagros. Milagros de sonrisas, milagros de alegrías, milagros de compartir, milagros de ayudar, milagros de dar lo que uno tiene y a otros les falta, milagros… de vida.

Cap. VII 3

 Estoy plenamente convencida de que esta idea es sencillísima de lograr, y te aseguro que no es invento mío, que ocurre de verdad. A mí todo esto me ha pasado. ¿Crees que ha sido un milagro?  Te diré algo: está más que claro que los milagros existen, pero son pocos y sólo los merecen las personas buenas, buenas de verdad – si te fijas, casi todos los milagros son para los niños, que son los únicos que todavía “pueden” ser buenos-, luego yo no creo para nada que merezca un milagro a estas alturas.

Cap.VII 2

Pienso que muchos de nosotros, empezando por ti, merecemos sentir de vez en cuando esa paz, pues – como ya he dicho – sólo sintiendo paz por dentro, podremos conseguir que los demás también la sientan. Y algo importantísimo: no debes nunca desesperarte si al principio notas que no consigues nada. Mentira. Estás consiguiendo un montón, seguro. Te lo digo yo. Aunque en el exterior no lo parezca, en el interior del que recibe tu ayuda se está formando una futura sensación, la misma que tú ahora tienes ya, y que él podrá conseguir si le sigues ayudando. ¡De verdad! Aunque tú creas que tu primer intento no ha dado resultado ¡espera! Date un tiempo. Roma no se hizo en un día.

Que nuestros silos estén repletos de frutos de toda especie; que nuestros rebaños a millares se multipliquen en las praderas, y nuestros bueyes vengan cargados; que no haya brechas ni aberturas, ni alarma en nuestras plazas. Dichoso el pueblo que esto tiene, dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor.

Cap. VII 1

Es tan sencillo de entender como que nadie puede buscar algo, si no sabe qué es lo que anda buscando, o lo que es lo mismo, nadie puede dar lo que no tiene. De ahí la importancia de sentir paz interior. Para dar paz, hay que sentir paz. Yo he tenido la inmensa suerte de aprender a encontrar y sentir por unos momentos esa paz,  y después, día tras día,  conseguir que esa misma paz me haga comprender lo que de verdad importa, que yo puedo transmitir sensación de paz a muchas personas que la necesitan. Por eso, escribo esto. Para compartir contigo este sentimiento, esta alegría de poder “llenarse” de paz.

Himno

Señor de nuestras horas, Origen, Padre, Dueño, que, con el sueño, alivias y, en la tregua de un sueño, tu escala tiendes a Jacob: al filo de los gallos, en guardia labradora, despiertan en los montes los fuegos de la aurora, y de tus manos sube el sol. Incendia el cielo en sombras el astro matutino, y el que pecó en tinieblas recobra su camino en la inocencia de la luz. Convoca brazo y remo la voz de la marea, y llora Pedro, el duro patrón de Galilea, cimiento y roca de Jesús El gallo nos increpa; su canto al sol dispara, desvela al soñoliento, y al que pecó lo encara con el fulgor de la verdad; a su gozosa alerta, la vida se hace fuerte, renace la esperanza, da un paso atrás la muerte, y el mundo sabe a pan y a hogar. Del seno de la tierra, convocas a tu Ungido, y el universo entero, recién amanecido, encuentra en Cristo su esplendor. Él es la piedra viva donde se asienta el mundo, la imagen que lo ordena, su impulso más profundo hacia la nueva creación. Por él, en cuya sangre se lavan los pecados, estamos a tus ojos recién resucitados y plenos en su plenitud. Y, con el gozo nuevo de la criatura nueva, al par que el sol naciente, nuestra oración se eleva en nombre del Señor Jesús. Amén.

Cap.VI 6

¿Incluso no será que tal vez nos escudamos demasiado en eso y, casi inconscientemente, pensamos que ahí está la gran causante de nuestra tristeza? No quiero decir, obviamente, que esta sensación de desesperación y desasosiego que nos está tocando vivir, no nos tenga que afectar. ¡Claro que nos afecta!. De hecho, toda esta historia, que es MI historia, va dirigida a convencer a todo el que la lea de que no todo está perdido, y que si queremos cambiar las cosas, todavía podemos. Pero eso si, hay una cosa que está más que clara, y es que, dentro de este maremagnum tan espantoso, resulta imposible buscar aquello que ni siquiera sabemos cómo es.