Cap. III 2

. Y así, día tras día, gracias a esa “medicina”, que únicamente nos hace confundir  la AUTÉNTICA felicidad con una pseudo-felicidad con la que nos conformamos, la enfermedad se va haciendo más y más grande sin que nosotros nos demos cuenta. Y, de seguir así ¿quién sabe lo que puede ocurrir? Sin embargo, sintiendo dolor en el alma ¡cuánto más fácil nos resultaría evitar esos males! Sintiendo de verdad su presencia, podríamos intentar erradicarlos con todas nuestras fuerzas,  igual que reaccionaríamos –sin ninguna duda- si fuera una enfermedad propia porque, cuando te empiece a doler el alma, verás que ES una enfermedad propia.