Cap. IV 2

Soy de la opinión de que el hombre tiende a la bondad, luego si se decanta por la idea incorrecta, puede ser porque no esté suficientemente informado –sin ninguna duda, me incluyo en este grupo-, y no sólo me estoy refiriendo a conocer o no unas cifras determinadas, sino a conocer la verdad (no hablo, por supuesto, de la verdad que miramos con los ojos a través de los medios de comunicación, sino de la verdad que miramos con el corazón), una verdad que vemos de modo tan lejano que nos resulta demasiado desconocida para poder defenderla. Todos nos protegemos del mal cercano ¡claro! Pero ¿hacemos siempre lo mismo con el que está lejos? Visto así, parece una idea algo liosa, pero no lo es.

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Cap. IV 1

CAPÍTULO 4

Bueno, esto es exactamente lo que yo siento, lo que todos podemos sentir cuando nos duele el alma. Lo único que hace falta es que nos duela de verdad, y te repito que es un dolor que sale a la superficie sólo si tú quieres y, sobretodo, cuando sufres, cuando ves sufrimiento. Desgraciadamente, hoy en día no es difícil encontrar ese sufrimiento en el mundo. Ahora bien, ante él se pueden adoptar dos actitudes: la primera consiste en hacer poco o ningún caso del sufrimiento de aquéllos que- por decirlo burdamente- sólo nos tocan de lejos. La segunda puede resumirse en una sencilla palabra: SOLIDARIDAD. Esta última es la que todos debiéramos practicar, y sin embargo tendemos muchísimo más hacia la primera actitud. Y ¿por qué?

Feliz cumpleaños

Hoy me he levantado con la alegría de tu nacimiento, Jesús. Y creí, creímos todos, que la Santa Misa era a las 12. Pero al sentarnos, constatamos con pena que ya había terminado. Al principio hubo un momento de caos. Pero enseguida encontramos una misa, y la homilía del presbítero fue tan bella que me hizo olvidar mi pena inicial.

Ya han pasado muchas horas desde que la escuché, y he tenido un día de Navidad tan intenso y maravilloso, que no consigo recordar sus palabras, pero sí sé que me llenaron de paz y me hicieron sentir afortunada (esa fue una de sus palabras ¡me acordé!) Por todo, sobretodo por tenerte a Ti. Feliz cumple.

Hermanos, Dios ha nacido sobre un pesebre. Aleluya. Hermanos, cantad conmigo: «Gloria a Dios en las alturas.» Desde su cielo ha traído mil alas hasta su cuna. Hermanos, cantad conmigo: «Gloria a Dios en las alturas.» Hoy mueren todos los odios y renacen las ternuras. Hermanos, cantad conmigo: «Gloria a Dios en las alturas.» El corazón más perdido ya sabe que alguien le busca. Hermanos, cantad conmigo: «Gloria a Dios en las alturas.» El cielo ya no está solo, la tierra ya no está a oscuras. Hermanos, cantad conmigo: «Gloria a Dios en las alturas.» Amén.

Cap. III 2

. Y así, día tras día, gracias a esa “medicina”, que únicamente nos hace confundir  la AUTÉNTICA felicidad con una pseudo-felicidad con la que nos conformamos, la enfermedad se va haciendo más y más grande sin que nosotros nos demos cuenta. Y, de seguir así ¿quién sabe lo que puede ocurrir? Sin embargo, sintiendo dolor en el alma ¡cuánto más fácil nos resultaría evitar esos males! Sintiendo de verdad su presencia, podríamos intentar erradicarlos con todas nuestras fuerzas,  igual que reaccionaríamos –sin ninguna duda- si fuera una enfermedad propia porque, cuando te empiece a doler el alma, verás que ES una enfermedad propia.

Cap.III 1

Por qué es tan necesario sentir ese dolor en el alma? Por una sencillísima razón: si no hay dolor, no podemos saber que existe la enfermedad. ¿Cuánta gente padece enfermedades horribles sin saberlo, porque nunca les ha dolido nada? Y muchísimas veces, si hubiera existido ese dolor, se podría haber iniciado una cura a tiempo y, tal vez, se habría atajado ese mal. Ahora piensa bien esto: el mundo está enfermo, muy enfermo, y esa enfermedad crece y crece cada día, es como un virus que nos está comiendo el corazón, pero que mantenemos “alejado” gracias a la falsa creencia, inventada por nosotros mismos, de que no podemos hacer nada más de lo que ya hacemos.

Cap. II-4

Por eso sólo nosotros podemos cambiar las cosas. Ésta es la razón por la que dijo Don Ricardo que el milagro está en nosotros. Y añado yo, y a nuestro alcance. Sólo tienes que ofrecer tu mano bien abierta y verás qué de sonrisas recibes a cambio. Y si, gracias a ti, y a todos los que siguiéramos este consejo, el mundo entero tuviera un motivo para sonreír, entonces, y sólo entonces, lo tendríamos todo. Pero claro, motivos hay bastante pocos, así que hay que ponerse las pilas y empezar a crearlos. Yo, por lo menos, estoy decidida a intentar hacer algo: empiezo con esto. Y tú ¿a qué esperas?

Cap II-3

Él nos regaló la LIBERTAD. ¿Y qué hemos hecho? Desperdiciarla en favor de unos pocos y en contra de muchos. Miles de niños mueren de hambre en todo el mundo, millones de personas malviven y, como consecuencia, se enferman hasta morir, otros padecen situaciones aberrantes en muchos países, más de  los que imaginamos. ¿Y de quién dirías tú que es la culpa? ¿De Dios? Para mí está más que claro que la respuesta es NO. La culpa es del hombre. Únicamente. Si cometes un error bastante grave en tu trabajo ¿no intentas solucionarlo tú mismo antes de recurrir a tu superior? Incluso ¿no te daría un poco de apuro pedirle ayuda en algo que él te encomendó pensando que sabrías hacerlo? Pues “a buen entendedor, pocas palabras bastan”.

Cap.II-2

No te das cuenta? Aquí está el  “por qué” tiene que dolernos el alma. Y es que la solución no está en que baje Dios y lo arregle todo. Él no tiene nada que arreglar. ¡Somos nosotros los que debemos hacerlo! Para mí, si hay algo absolutamente claro en este mundo de hoy en el que casi todo es tan difícil de comprender, es una idea tan simple como ésta: Dios es AMOR. AMOR con todas las letras. AMOR con mayúsculas. Y estoy convencida de que  si amas a Dios, aprenderás a ser feliz. Y por favor, no saques una conclusión rápida y pienses que mi idea es estúpida y utópica, sigue leyendo. Así lo veo yo: