M.T.4

si escuchas con tu corazón, oirás, entenderás…

Yo escribí algo parecido hace algunos años. Quiero compartirlo con vosotros:

¡He descubierto algo fabuloso!

tengo un órgano nuevo, es un ojo en el corazón. Lógicamente, con él no puedo ver el mundo exterior, pero si el interior, que es un mundo mucho mas rico e infinitamente más bello. Con él veo cosas que con los ojos de la cara se me escapan, a pesar de estar ahí fuera. Con mi nuevo ojo veo hombres buenos, veo niños que viven lejos y ríen y juegan. Veo gente que se abraza. Veo amor en el aire. Creo que este nuevo ojo mío nunca verá nada triste ¿sabes por qué? Porque mi corazón no da cabida a cosas desagradables, y no porque no existan, sino porque en mi corazón sólo está Dios y todo lo que Él ha creado. Y todo lo que Él creó fue hermoso. Todo. Y si mis ojos de la cara ven desdichas, es porque los hombres las han creado. Por eso estoy tan fascinada con mi nuevo ojo. Porque veo mi mundo, el mundo de Dios, el mundo que Dios quiso. Alomejor podremos conseguir algún día que nuestro ojo del corazón -porque todos lo tenemos, sólo que algunos lo mantienen cerrado- y los ojos de la cara vean lo mismo. Sería realmente maravilloso, ¿no crees?.

Yo hablo de ojo, Madre Teresa habla de oídos. Y ¡cuantas veces hemos leído a Jesús en sus evangelios pidiéndonos que hablemos con el corazón! ¿Será también una boca? Lo que está claro es que es el mejor órgano que tenemos ¿no estás de acuerdo?

M.T.3

El pasado pertenece a Su misericordia, el futuro a Su providencia y el presente a Su amor

Fijaos qué frase maravillosa. En tan pocas palabras, Madre Teresa resume todo el camino que debemos seguir para estar con El Señor. Para empezar, tú simplemente debes abandonarte en Él. No importa en absoluto lo que hayas podido hacer en tu pasado, éste pertenece a su misericordia. Tampoco importa demasiado lo que pienses para el futuro. Si resulta adecuado con lo que Él pensó para ti, pues mira qué bien. Y si no, será que no te conviene. Sea cómo sea, Él proveerá. Y con el presente, ya está más que claro: amor, amar al prójimo. Toda tu vida. Todo tu camino.

y con esto y un bizcocho…

M.T. 2

El demonio puede tratar de usar…nuestros propios errores…para hacerte sentir que es imposible que Dios te ame.

Esto es un peligro…porque Dios te ama siempre, INCLUSO CUANDO CREES NO MERECERLO

Esta última frase que resalto en mayúscula nos ocurre un día si y otro también. Porque todos, absolutamente todos, somos pecadores, si bien unos días lo acusamos más y otros menos. A quién no le ocurre irse a la cama pensando que no merece el amor de Dios por…lo que sea. ¡Pues mira, no! Y lo dice nada menos que una Santa, osea que no parece un simple deseo, -como el que tendríamos todos- sino más bien una realidad. Y es que el Señor es tan misericordioso, y nosotros tan desconfiados. Pero si Madre Teresa lo dice, yo por lo menos me lo voy a creer. Y creo que tú deberías, porque todos necesitamos dormir tranquilos.