Amar… más allá

«que hace brotar hierba en los montes,
para los que sirven al hombre;
que da su alimento al ganado
y a las crías de cuervo que graznan.»

Hierba para el hombre. Para todos los hombres . Alimentos para las vaquitas, las ovejitas, tan monas, tan necesarias. Pero también para los cuervos, que no son precisamente las aves más apreciadas.

Y es que el Señor, en su bondad infinita, también hace que el sol caliente a buenos y malos, y que la brisa sea disfrutada por todos sin distingo.

Así que si vemos que Él es así de bueno, no nos queda otra que imitarle. Porque si aspiramos a la vida eterna junto Él, digo yo que cuánto más nos parezcamos a Dios, más posibilidades tendremos de estar con Él algún día.

Así que ya sabes, hay que amar al prójimo más allá de lo que creas que merece. ¿Acaso no es así como quisieras que te amaran, aun creyendo no merecerlo?