De la boca de los niños de pecho, Señor, has sacado tu alabanza.

La alabanza más tierna que pueda existir jamás. Esos niños que todavía ni ven, pero a ti sí te están viendo,, y tú a ellos, y sabes que cualquier cosa que saques de ellos será tan puro y limpio como tú. Y esa alabanza ¿Es para nosotros? No la merecemos Señor. Pero tú, con tu infinita misericordia, así escoges amarnos.

Cristo, enséñanos a alabarte y a alabar a nuestros hermanos, como tú. Cuánto lo deseamos.