Pide con fe

Todavía cuando volví a Madrid seguía con un poco de miedo, totalmente absurdo, pero ahí estaba. Y lo peor era que tenía una boda pocos días después. Necesitaba estar bien. Verdaderamente lo necesitaba. Iba a reencontrarme con muchas personas a las que quiero de veras y ¿Qué ocurriría si no podía estar alegre con ellos? Me puse a rezar sin parar pidiendo al Señor que me concediera la fuerza para hacer sonreír a mis hermanos, como siempre suelo hacer. Pues el resultado no pudo ser mejor. Pasé un buen día, charlé con todos e incluso sentí alegría en mi alma _una sensación que tenía bastante olvidada_ al volver a ver tanta gente amiga, y por supuesto, al ver casados a los novios. Gracias Dios, porque tu promesa de PEDIR Y SE OS DARÁ hecha con una fe y una necesidad ciertas, se cumple.