versos 4-C

-Adiós amigo -Adiós señor, pronto nos vemos -Aún eres pequeño, vuelve a tu sueño. Tiempo tendrás.
Se va sin más. Luz repentina fuerte ilumina lo que contemplo. Grandioso templo que mi mirada, ya embelesada, no vio jamás.
Hombre ante altar, su santa ofrenda viene a dejar. A Dios se encomienda, y de rodillas, une sus manos, baja cabeza,
¡Ansía, hermanos, las maravillas que guarda el cielo! Siento desvelo por ese cuerpo que languidece, por ese rostro que ardiente reza.
¡Cuanta hermosura!
Tal vez fue eso lo que pidió. Nada se oyó. Erguido, y muy decidido, empieza a andar hasta llegar a su destino.
¡Oh, gran sorpresa! Asombro pesa sobre mí, cuando misterio descubrí: besando al niño,  mano con mano, los tres emprenden su camino
¡Bella ternura!