M.R. XXIII

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Cuando estaba llegando a casa, las palabras que ese chico me gritó, mientras yo me marchaba, retumbaban en mi cabeza:

__ «Tú te lo pierdes tío. Podrías haber pasado un buen rato, pero ¡Allá tú!»

Cuando iba a coger el ascensor, pensé: ¡pobre chaval, enganchado a  esa porquería, qué triste me parece!

Ya en casa decidí que había hecho bien en volver,  aun quedándome sin plan para  esa noche. Una vez en mi cuarto, me sentí  de pronto muy cansado. Creo que me dormí.

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