El mar y la fe

Siempre me han hecho un gran efecto las olas del mar. Supongo que de niña me gustaban como a todos los críos. Y luego de adolescente me causaban bien tristeza, bien alegría según mi estado de ánimo. Pero ahora de mayor  y con mi Fe en Dios mucho más desarrollada y tan enriquecida, las contemplo y las siento de otro modo. Ahora, de cada ola,  reparo en la espuma, y me gusta compararla con mi fe: las olas nacen separadas, y según van llegando a la orilla, se unen y crcen en una belleza blanca que, como mi fe, quieren  demostrar lo hermosas que pueden ser. Pero de pronto baja, como, sin yo querer, le ocurre a mi fe tantas veces, que sin embargo, como esa ola, acabará siempre renaciendo. Siempre se esconderá y siempre saldrá de nuevo. Y así es mi fe, crece, decae y siempre vuelve. Y lo principal ,es inmensa como el mar.