Para ti, Dios

Yo por ti Señor me muevo,/ y tú, mi adorada espiga,/ de oro y de fuego bruñida,/ rechazas mi mundo nuevo,/ y con gran dulzura clavas/ en mi alma tu azadón/ buscando el hondo perdón,/ que yace lejos dormido / y despierta enardecido/ para gritar ¡SALVACIÓN!/ Vengan todos mis hermanos/ y sientan la fuerza que mana/ y con amor se derrama/ en las palmas de sus manos,/ que nunca puedan espadas/ derrotar Santa Justicia,/ que por siempre y con delicia/ saboreemos tu Fe/ que si tarde la encontré / pronto la entendí propicia.