M.R.XVII

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Empezó a sonar en mis oídos una melodía dulce y suave que, acompañada de una especie de neblina, me transportó a un estado de letargo en el que, como en un sueño dentro de mi sueño, sentí  unas ganas tremendas de llorar y a la vez una felicidad tal, que mi corazón creyó estallar de alegría. Vi a aquellos hombres, y por la expresión de sus caras llenas de luz, parecían haber tenido una experiencia similar a la mía. Quise saber más, pero me dormí.