M.R.XV

SEGUNGO MISTERIO DE GLORIA

Sin saber qué hacer, volví a la cueva y me tumbé. En seguida me levanté de un impulso. y saliendo fuera,  la seguí. Estaba seguro de que algo grande iba a pasar. Esos ojos… me lo decían todo.  Y tuve razón.   No pude acercarme lo suficiente pero  de la conversación entre la chica y unos hombres surgió una alegría tan grande , que se me quiso contagiar y, cerrando los ojos, empecé a respirar  un aire tan limpio y puro que  me llenó todo el cuerpo,  haciendo que mis piernas se doblaran y mi mente empezara a nublarse. De repente un empujón de seguridad me obligó  a incorporarme. Ya de pie y con la cabeza despejada,  vi que no  había nadie allí. Instintivamente miré al cielo. y lo vi tan bello, que me  eché a llorar.

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