Feliz IV

Y …¡llegó el cuarto!

Si, incluso a mí me sorprende. Pero así  es. Y es que resulta increíble: hay momentos -no  siempre eh-  en que me maravillo mirando cualquier cosilla, mientras pienso en   lo fantástico que será lo  quo sea que vaya a hacer después. Osea, es una cadena de felicidad total. Porque encima Dios me concede VER la belleza de las cosas. Ojo, que las penas no se han ido, simplemente se atenúan siendo feliz. Y te vuelvo a insistir en que esto es fácil, tan fácil como HACER EL BIEN SIN MIRAR A QUIEN

Y si quieres mirar a alguien, mira a Dios y verás lo orgulloso que está de  tu tarea.

 

DEDICADO A JORGE

 

M.R.XIV

..………..

Sin dejar de sonreír, y sin perder el inmenso resplandor de su mirada, me dijo:

__ Lo siento ¿Qué dijiste?

Fue un instante mágico: sus ojos brillaban tanto que   pude mirarme en ellos, para descubrir la gloria y el amor más puro que jamás he visto. De pronto se giró diciendo:

__  Perdona.

Volvía a llorar. Prosiguió:

__ Perdona, no puedo quedarme a hablar contigo. Debo ir… Debo ir…

Sonrió de nuevo y se marchó corriendo.

Volví a la cueva y me tumbé. Enseguida me quedé dormido.

M.R.XIII

misterios de gloria

primero

No veía nada. Solo sé que estaba tumbado. Noté alguien a mi lado. Quise saber quién era,  palparlo, tal vez preguntar. Pero el sueño me venció. Cuando desperté , ya había  luz. No sabía dónde estaba, aunque parecía una cueva. Hacía mucho calor allí dentro. Decidí salir, me faltaba el aire. Una vez fuera, vi a una joven de pie. Parecía muy alterada: de pronto reía, de pronto  lloraba, pero sin parar nunca de sonreír. Y no sé a quien, porque estaba sola. Me acerqué a ella, y con dulzura le pregunté:

__ Perdona, ¿puedo ayudarte?

Ella me miró. Parece que fuera la primera vez que me veía. Y eso que llevaba un buen rato observándola,  dudando si hablarle o no,  pues temía  romper el hechizo de sus ojos, exultantes de alegría, mientras  ofrecía su linda sonrisa, tan auténtica, tan pura, tan bella, dirigida hacia nadie en particular, y sin embargo se me antojaba que el mundo entero alababa ese instante.

..………….

Feliz III

Que cuando llegue el dolor / que yo sé que llegará / no se me enturbie el amor/ ni se me nuble tu paz

Pues eso, que yo ahora me siento genial, y molaría tres pueblos sentirme así para siempre. pero yo sé que no, y además hasta lo entiendo -¡menos mal! porque de no ser así, me pasaría media vida sufriendo_ y lo acepto, ahora que estoy bien, claro, porque cuando me encuentro mal es que no me acepto ni yo,  y la verdad es que lo paso fatal. Pero afortunadamente  tengo mucha gente cerca que me recuerda constantemente que esto es sólo un mal paso, y me voy a  poner bien. Y así es.

Así que mi consejo es que te rodees de buenas personas que te quieran y a las que tú quieras, y dejes el resto en manos de Dios, que aunque a veces no te lo creas, son las mejores manos.

 

 

No temas

Dijo Jesús a Pablo: «No temas…yo siempre estaré contigo..»

Y eso mismo nos dice a todos. Los que le escuchamos, claro; e intentamos cumplir su palabra. Porque si no ¡¡no hay tu tía!! Tu imagina   un hombre que tenga un jardín y quiera que esté frondoso y florido. Pues si no se esfuerza y lo cuida, dudo que por arte de magia le florezca nada. Pues yo pienso que con Dios es igual: si me esfuerzo, le cuido y le mimo, sentiré que está. Y bien digo sentiré y no sabré, porque saber que está a tu lado  queda más que patente en su palabra,   y ésta está al alcance de   todos. Otra cosa es sentirla.  Pero vamos, que está tirao!

Feliz II

Y cada día más feliz. Es increíble. Si todo el mundo sintiera esta felicidad, el mundo no andaría como anda. Si las personas que podrían empezar a cambiarlo todo, se sintieran como yo ahora, ya estarían en marcha. Yo hago lo   que puedo -y debería hacer más-,  pero claro,  no tengo el poder necesario. Y  lo triste es que los que sí que tienen ese poder,    nunca alcanzarán esta felicidad mientras sigan pensando en sí  mismos antes que en los demás; solo así se consigue,  porque estás haciendo lo que Dios espera de ti.

Y ahora hablo  para todo el mundo. Para ti, que me lees. No  quiero que penséis que tengo delirios de grandeza y me creo una santa. No. Fijaos, yo sólo intento hacer lo que Dios querría…  A VECES.. Ni con mucho hago todo bien, pero hago un poquito, y Él me premia. Pues yo os aconsejaría hacer  lo  que yo. Y ¡alucinareis!

Feliz

Hoy me siento muy feliz. Y no sé por qué, no tengo ningún motivo. Bueno, miento; motivos para ser feliz tengo  -tenemos- a «puntapala»: vivo en un país en paz, nunca me falta qué comer o con qué vestirme, tengo una familia y unos amigos que me quieren… Y sólo he dicho los principales, porque si enumero todos ¡ufff! llenaría páginas y páginas. Pero yo la felicidad que siento sólo me la da Dios. Él me la da, Él me la quita. Y no lo hace por maldad, no. Muy al contrario. Lo hace con la mejor intención: hacerme más fuerte. Eso no quita para que lo pase fatal cuando estoy mal. Pero me aguanto. Porque lo acepto ¿acaso un buen padre no castiga a su hijo, pensando siempre en su bien? Tal vez de niños no lo entendamos, pero ya de mayores, meditándolo, lo comprendemos. Pues yo creo que con Dios pasa lo mismo: cuando apenas hemos empezado a conocerle, nos asustan sus «regañinas», pero cuando vamos alcanzando cierta madurez, comprendemos mejor ¿A que sí?

Bueno, pues yo le doy gracias por mi grado de madurez -bajito, todavía- que me permite sentirme tan feliz de vez en cuando. Como ahora. Y me siento tan bien, tan feliz, que le pido a Dios que te la transmita a ti, que tanto la necesitas.

M.R.XII

QUINTO
Ese día, mi  padre llegó pronto del trabajo.

–¡Venga, os llevo al cine, y después a cenar!

Nunca pensé que nos llevaría a ver una película tan aburrida. Desde el principio, y ya  llevábamos casi  media hora, no dejaron de salir paisajes de montañas y más montañas, y  claro, eso fue lo que soñé. Porque me quedé totalmente frito.

Vi   una caravana que se dirigía a  lo alto de una montaña. La gente en los carros parecía alegre. Un joven me gritó:

—-Chico, ¿no harás todo el camino a pie? Anda,  sube y te llevamos. Si quieres, puedes comer algo.

La verdad es que tenía mucha hambre, así que, agradecido,  acepté su invitación. Una vez dentro de aquel carro, pregunté:

__¿Y adónde os dirigís?

..………….

Palabras de Madre Teresa

Dice Madre Teresa:

¿Estoy convencido del amor de Dios  por mí? Esta convicción es como la luz del sol que hace subir la savia de la vida y florecer los brotes de la santidad.

Me imagino una plantita que, desafiando las leyes de la gravedad, consigue -no se sabe cómo- que, gracias a la luz del sol,  la savia suba por su raíz, y «riegue» todas sus ramitas, sus hojas, y haga brotar esas lindas flores que tanto admiramos. Siempre me maravilló el proceso de la fotosíntesis. Pero con estas palabras de Madre me da qué pensar:

Está  diciendo, creo yo,  que nuestra convicción, cuando de verdad existe, es porque nos hemos rebelado contra las leyes de la lógica, que nos piden una explicación para entender todo, y claro, la Fe no tiene ESA lógica -¿Por qué sube la savia? ¿Por qué tenemos Fe? Pero lo que sí es seguro es que,  todo acaba brotando: con la luz del sol  sobre las plantas, las flores y con la luz de Cristo, el amor de Dios en nuestros corazones.

Para ti

en mi boca siempre tu alabanza

Oh Señor de los señores,

Oh  guardián de mis temores

que  aun sin quererlos, me acosan.

Cargado llegas de flores

y ni siquiera las veo,

no será que yo no quiero

no, son tantos mis sinsabores,

mis afanes, mis dolores,

que cuando flores me muestras,

ni por sus bellos colores

flores son lo que yo veo,

parece que cardos quiero

y no  los dulces olores

que con sus grandes honores

yo quisiera disfrutar.

Se consume en rojos ardores

el sueño, que es mi deseo

de apagar llamas de fuego

que encienden mis opresores,

buscando  hallar los peores

anhelos de mi corazón.

Más dijo Dios: no atesores

en tu corazón trasiego

de este mundo traicionero,

que sólo Yo soy tu tesoro,

y si   ves que pruebas te imploro,

¡no caigas, levántate!

¿No ves que Yo nunca lloro?

que lucho por tu deseo,

cuando en santa cruz Yo muero.

Guardián de todas las flores

que un día negaron colores,

en el cielo esperarán,

y su color, sus olores,

que ver no pudiste, tendrás,

y ya feliz por siempre serás.