Doble perdiz

Sigo feliz como una perdiz, pero encima me está pasando algo maravilloso: muchas, muchísimas cosas que llevo tiempo -no digo «siempre» porque ya sabeis que cuando comencé a estar mala pasé unos meses sin  poder prácticamente valerme por mí misma- , bastante tiempo haciéndolas, gracias a Dios, ahora las hago mejor, con más destreza, y por ende, tardo menos. Pero lo verdaderamente fantástico es poder ver con nuevos ojos aquello que siempre estuvo ahí:: un ejemplo, puedo abrir el grifo situado a la derecha con la mano derecha, y con muuuubha más seguridad. Y eso, que a cualquiera -que pueda rendir al cien por cien- le pasa lógicamente inadvertido, a mí me emociona. Y cómo ésta, cien mil cosas cotidianas, desde hacerme el lazo de las zapatillas a masticar con mayor rapidez.

Y todo esto no es un milagro de Dios, su milagro fue darme dos veces la vida, y día tras día las fuerzas que necesito. ¿Comprendeeis que esté feliz cómo una perdiz?