¡Mua!

Esta tarde me marcho a París, porque mis sobrinas hacen la comunión este domingo. Vuelvo el lunes tarde, no creo que os pueda escribir. Pero ahora tengo un momentillo, y aprovecho. Quiero deciros que…

¡Me siento exultante de alegría! Después de dos meses y medio sufriendo, he vuelto a ser feliz. El Señor castiga, pero luego premia. ¡Y menudo premio! Sé que lo he pasado fatal, y sin embargo me encuentro tan estupendamente ahora, que me importa un pepino haber tenido ese bajón.

Y encima vuelvo con muchas más fuerzas para anunciar el amor que Cristo nos da, y que nos pide.

Así que si lo pasáis mal, mi consejo es que os entreguéis a El, recéis a diario, y tengáis paciencia.

¡OS QUIERO!