El punto

El otro día hice con mi fisioterapeuta un ejercicio de relajación. Al empezar, tumbada y con los ojos cerrados, antes de hacer nada debía imaginar un  punto en medio de mi frente, en el que concentrar absolutamente todo mi pensamiento. Me dijo entonces que tenía que pensar en un situación que me hiciera sentir bien. Ella sugirió estar tumbada en una playa de arenas blancas y aguas cristalinas. Y sí, parecía buena idea. Pero entonces pensé en otra cosa que sin duda, me haría sentir mucho mejor: un mundo en paz ¡Y en un puntito! Resultaba divertido ver a tooodas las personas ahí. Tal vez fuera su alegría, esa que yo tanto deseo, la que consiguiera concentrarlas en algo tan pequeño. Supongo que fue el  mismo efecto que me produce rezar por la  salud de quien la necesite, y notar que abarco en tan sólo unas   palabras a tanta gente. Es algo que me parce imposible, y sin embargo tiene un poder asombroso. Bueno, la cosa es que fue efectivo, porque sin olvidar en ningún momento mi punto, llegué al final de mi ejercicio totalmente relajada y desde luego, con semejante pensamiento, tranquila y feliz.