Como una hoja

¿Habeis visto alguna vez cómo el sol va iluminando una hoja? Es un espectáculo fabuloso, puede que comparable a aquello que, por lo menos a mí -y seguro que a muchos que lo recuerden en Barrio-Sésamo- me emocionaba: contemplar la apertura de una flor, grabada pacientemente en toda su duración, pero vista a cámara rápida, lo cual, a los ojos inocentes de un niño era algo único. Bueno ,aunque ya no sea un niño -¡qué pena!-, ni con mucho inocente, sigo sin embargo disfrutando de estos pequeños placeres. Y es que son dignos de admiración. Y de comparación. Porque igual que el sol trepa por la hoja, Dios trepa por nuestro cuerpo, dejándonos  su vitamina de luz y prometiéndonos que al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente, si seguimos ahí, igual que la hoja, volverá a iluminarnos.