Llévame al cielo

Ya volví y fue…increíble, emocionante, maravilloso.

Cuando volvía, ya en el avión, me pesaban los párpados, pero sin embargo,  no tenía sueño. Pensé  que era el momento justo para rezar el Rosario: ojos cerrados, nadie me hablaría, y despierta. Era domingo, rosario de gloria.  Y de pronto pensé: estoy aquí arriba, más cerca de Dios. Y cuando llegué al misterio de la asunción de Nuestra Señora sentí como si pudiera ascender a su lado y subir con ella. Pero claro, fue sólo una sensación, maravillosa, pero sensación. Y en sensación se quedó, porque aunque subir al cielo sea con mucho lo mejor -como dice la canción–, todavía El Señor me tiene  encomendada una misión aquí abajo. Así que seguiré conformándome con la sensación. Que ya es mucho.