La soberbia

Hoy quiero hablar de la soberbia. Y para ello quiero usar unas palabras de San Pablo en una de sus cartas a los romanos: compara a Dios con un árbol. Jesucristo sería la raíz y nosotros las ramas. Si está consagrada la raíz, también lo están las ramas.

Han desgajado, dice el santo, algunas ramas que perdieron la fe y te han injertado a ti. ¡Pero no presumas! Recuerda que tú no sostienes a la raíz, sino que ella te sostiene a ti.  Tú te mantienes por la fe, pero si tu soberbia hace que que Dios te arranque del árbol, tú, que tan sólo eres un injerto, cuánto más fácil será reinjertar a los que arrancaron, siendo éstos brotes nacidos del tronco, si se redimen.

Por eso hemos de mantener nuestra fe y no vanagloriarnos de nuestros logros. Yo soy la primera que caigo en la trampa cuando algo me sale bien. Pero me doy cuenta cada vez más a tiempo y así, gracias a mi fe, me conservo en el árbol.

¡Ojo!