De película

Me llamo Adam Porry. Vivo en la montaña, allí tengo una granja. Tiene una casa , un espeso bosque, un prado de buen pasto, corderos, vacas y cincuenta acres de trigo. Sólo le falta una cosa: el ama. ¿»Qué me contestas?

-¿Qué te contesto a qué?

-Ya te lo he dicho-. ¿Te parece que nos casemos?

-Tendría que terminar mi tarea (está ordeñando)

-Voy a quitarme la barba y a por el párroco.

Es una cita de la película «Siete novias para siete hermanos.» Maravilloso musical y película muy recomendada a quien no la haya visto. Como veis se trata de una petición de matrimonio, un poco rarilla, pero lo es. Y la chica no se lo piensa demasiado. ¡Así debemos contestar nosotros al Señor cuando nos pide, no ya matrimonio, sino tan sólo. confianza en Él! Debemos confiar en El Señor con toda nuestra alma, igual también que Adam, que aun no viendo todavía  seguro su futuro matrimonio, marcha a por el párroco. Actuemos como Adam. De seguro que ganamos.

La Salve

Me gusta mucho rezar a la Virgen, por eso hay algo que  me resulta discordante en la Salve y me  parece incluso difícil rezarla,  porque no coincido y me parece que digo una mentira si lo invoco sin de verdad creerlo:

«…a ti suplicamos gimiendo y llorando en este valle de lágrimas…»

Puede que gima, puede que llore -eso si- ,pero desde luego no creo que éste sea un valle lágrimas. Ya sé que es una metáfora, pero como sabemos, todo símil intenta parecerse al término real que imita, y desde luego para mí no la hay. Me parece falso que yo afirme vivir en un valle de lágrimas ¡qué no hombre! Seamos más positivos y digamos que la suplicamos, si,  pero desde el lindo valle que nos prestó su hijo hasta su venida. Es verdad que hemos convertido demasiadas zonas del valle en lugares llenos de lágrimas, pero  precisamente tenemos -tú y yo- el privilegio de vivir en la zona verde del valle. ¿No crees?

el Bueno

Si el Señor Jesús es el sumo bien, en palabras d San Ambrosio, anunciado por profetas, predicado por ángeles, prometido por el Padre, evangelizado por los apóstoles…Quién, teniendo el espíritu de Dios en sí, negará al bueno…?

Recordáis la parábola: ¿O vas a tener tú envidia porque soy bueno?

Este bien que da Dios generosamente es nuestro tesoro, es nuestro camino, es nuestra sabiduría, nuestra justicia…Dios es nuestro pastor bueno.

YA VES CUÁNTOS BIENES RN UN SÓLO BUENO.

¿Dónde?

,Quien diga que Dios ha muerto / que salga a la luz y vea / si el mundo es o no tarea / de un Dios que sigue despierto. / Ya no es su sitio el desierto / ni en la montaña se esconde; / Decid, si preguntan dónde, / que Dios está -sin mortaja- /  en donde un hombre trabaja  / y un corazón le responde.

¿Verdad que es lindo?  Y cierto, muy muy cierto. El argumento _más bien pobre_ que sostienen muchos  que aún no han tenido -porque no han querido- la suerte de creer en Él, serían los del primer verso:  «ha muerto, porque si estuviera aquí, no permitiría tanto mal.»

Claro, Dios es tan bueno que debería…..

Pues yo, y muchísimos otros como yo, creemos que Dios está y estará SIEMPRE  en los dos últimos versos.

Confirmación

Os quiero contar algo:

Se trata de algo que me ocurrió en la confirmación de mi amigo Pablo, poco antes de ponerme malita. No recuerdo la fecha con exactitud, pero sí sé que ya padecía dolores de cabeza espantosos. Justamente en la ceremonia empezó a dolerme. Era su madrina. De momento no era grave, en situación estática, sin moverme , todo iría bien, Lo que temía es cuando llamaran a Pablo y  tuviéramos que salir los dos. No podía salir mal, pero no sabía qué hacer, el dolor continuaba, y además yo sabía que al caminar mi dolor se acentuaría, pues a cada paso sentía una punzada en la nuca, y podía incluso perder el equilibrio. ¿Os imagináis qué papalón ante el Señor Obispo? Llamaron a Pablo. Y de pronto mi dolor se desvaneció. Los dos nos dirigimos con decisión al altar, él se arrodilló, y con mi mano en su hombro, recibió la bendición. Los dos volvimos alegres a nuestro sitio. Entonces el dolor regresó, con tal fuerza que tuvieron que acompañarme a casa nada más acabar la ceremonia, y no pude disfrutar de la habitual fiesta que siempre se celebra.

¿Os dais cuento? Dios me ayudaba. Aunque luego pasó lo qué  pasó, ahora estoy más convencida que nunca de que El Señor siempre ha estado conmigo. SIEMPRE.

 

Se trata de algo que me ocurrió en la confirmación de mi amigo Pablo, poco antes de ponerme malita. No recuerdo la fecha con exactitud, pero sí sé que ya padecía dolores de cabeza espantosos. Justamente en la ceremonia empezó a dolerme. Era su madrina. De momento no era grave, en situación estática, sin moverme , todo iría bien, Lo que temía es cuando llamaran a Pablo y  tuviéramos que salir los dos. No podía salir mal, pero no sabía qué hacer, el dolor continuaba, y además yo sabía que al caminar mi dolor se acentuaría, pues a cada paso sentía una punzada en la nuca, y podía incluso perder el equilibrio. ¿Os imagináis qué papalón ante el Señor Obispo? Llamaron a Pablo. Y de pronto mi dolor se desvaneció. Los dos nos dirigimos con decisión al altar, él se arrodilló, y con mi mano en su hombro, recibió la bendición. Los dos volvimos alegres a nuestro sitio. Entonces el dolor regresó, con tal fuerza que tuvieron que acompañarme a casa nada más acabar la ceremonia, y no pude disfrutar de la habitual fiesta que siempre se celebra.

¿Os dais cuento? Dios me ayudaba. Aunque luego pasó lo qué  pasó, ahora estoy más convencida que nunca de que El Señor siempre ha estado conmigo. SIEMPRE.

 

Se trata de algo que me ocurrió en la confirmación de mi amigo Pablo, poco antes de ponerme malita. No recuerdo la fecha con exactitud, pero sí sé que ya padecía dolores de cabeza espantosos. Justamente en la ceremonia empezó a dolerme. Era su madrina. De momento no era grave, en situación estática, sin moverme , todo iría bien, Lo que temía es cuando llamaran a Pablo y  tuviéramos que salir los dos. No podía salir mal, pero no sabía qué hacer, el dolor continuaba, y además yo sabía que al caminar mi dolor se acentuaría, pues a cada paso sentía una punzada en la nuca, y podía incluso perder el equilibrio. ¿Os imagináis qué papalón ante el Señor Obispo? Llamaron a Pablo. Y de pronto mi dolor se desvaneció. Los dos nos dirigimos con decisión al altar, él se arrodilló, y con mi mano en su hombro, recibió la bendición. Los dos volvimos alegres a nuestro sitio. Entonces el dolor regresó, con tal fuerza que tuvieron que acompañarme a casa nada más acabar la ceremonia, y no pude disfrutar de la habitual fiesta que siempre se celebra.

¿Os dais cuento? Dios me ayudaba. Aunque luego pasó lo qué  pasó, ahora estoy más convencida que nunca de que El Señor siempre ha estado conmigo. SIEMPRE.

Para leer

Creo que coincidireis conmigo en que a veces las lecturas de los libros litúrgicos son un poquito liosas. Me recuerdan a las sentencias del Tribunal Supremo, que quienes hayan tenido el honor de leer alguna, sabrán por qué -con mi mayor respeto-  lo digo. Bueno, y que conste que no sólo hablo de las de los escritos de hombres religiosos, también en el evangelio hay más  de una que… ¡En fin!! Que una termina de leer con mal sabor de boca, porque no está nada segura de haber asimilado bien la lectura.

Pero yo  tengo un truco del almendruco para esto: yo leo la lectura, intentando siempre comprenderla. Y cuando veo que » m´e liao», pienso automáticamente en lo mucho que amo a Dios, y cómo intento una y otra vez seguir  por sus caminos y hacer SU VOLUNTAD.

¡¡¡Oye, que te aseguro que cierro el libro  con una sensación de lo mas agradable!!! Te lo recomiendo.

Valores

Ayer, en mi cita con mi psicóloga, en medio de otras conversaciones, acabamos hablando de valores. Pero no de los valores que ya conocemos bien. No, de esos no. Hablamos de unos valores que para mí -y para muchos- se han convertido en dignos de admiración: beber un vaso de agua seguido, caminar sola unos pasos, comer con mi mano derecha, ver un lindo paisaje, para mi hubo un tiempo fue impensable, y por eso ahora lo valoro tanto.

Cuento esto sabiendo que casi nadie se para a valorar lo que siempre ha tenido -tampoco yo cuando estaba bien valoraba caminar-, pero como yo sé, porque un día me faltó,  que todo, absolutamente todo lo que tenemos, debemos valorarlo, te lo soplo a ti, para que al menos alguna vez lo pienses, y puedas sentirte -porque lo eres, como yo- afortunado.

hace 30 años

Una vez, hará treinta años -casi na..-, una amiga escribió en mi carpeta:

El amor inmaduro dice: te quiero porque te necesito

El amor maduro dice: te necesito porque  te quiero

¡Gran verdad! Ojalá nuestro amor a Dios sea siempre maduro. Ojalá podamos decirle: te necesito Señor, necesito tu fe, necesito tu luz para alumbrar mi camino, a  veces demasiado oscuro, necesito tu aliento que empape mi ser, necesito tu humildad que me enseñe a acabar con mi soberbia,  por tantas y tantas cosas Señor, te necesito.. Y por eso, te quiero.

Nada es lo mismo

 

Lo leí en el ABC. Me pareció curiosa y quería compartirla con vosotros. Realmente comparar la historia con morcillas no es muy poético. ¿.O tal vez sí? Teniendo en cuenta las menos que acertadas equiparaciones que nos sorprenden un día sí y otro también, tal vez sea correcto  admirar este símil. Después de todo, éste si que es acertado. Y siendo honesta, me parece más que bonito que todo un señor poeta redacte unas líneas que provoquen risa, incluso guasa,  sin dejar de ser verdaderas.

New Look

Acabo de darle un nuevo look a mi armario, deshaciéndome de todo aquello que aunque me gustó   -tal vez me siga gustando….-,  ya no me pongo nunca. Y cuando he terminado y he visto mi ropa en orden, me he sentido bien: todo ese vestuario que no quiero, el que me agrada incluso, irá a parar a otras manos que la quieran o la necesiten.

Es maravilloso porque sólo con un hecho-¡fuera ropa!-, he obtenido dos: he ordenado mi ropero–bien para mí- y he  dado parte de su contenido -bien para otros-.

Os animo a hacer esto de vez en cuando, y veréis vuestra propia satisfacción y la de Dios, siempre feliz al vernos hacer cosas buenas.