No sé si me entenderéis

Hoy os voy a contar algo que siempre me ha dado cosa contar, ya veréis por qué.

Es algo bueno ¡eh! Desde hace algún tiempo vengo teniendo una sensación maravillosa que es estar contentísima conmigo misma. Cargando con todas mis taras, que son unas cuantas, he tenido el  privilegio de experimentar la gran verdad de Dios cuando nos dice que le demos nuestras cargas. ¡Y es verdad al cien por cien! Yo no me he resignado a ser como soy, no, yo agradezco ser como soy. Y desde que empecé a sentirme así, pienso que sería lindo pensar que las personas que sufren por lo que sea, puedan hallar la paz como yo hice. Y aquí me explico: como yo me como la cabeza, pensaba que con mi idea sólo me estaba justificando a mí misma, diciendo que los que sufren no tienen por qué, ya que, cargando du pena en el Señor, dejarían de suftir. Y con esto me quitaba de encima el peso del sufrimiento de los demás. No sé si me he explicado, pero espero que me cojáis. La cosa es que ahora de pronto me llegó la necesidad de contarlo. Y aquí está.

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