Veo II

 

¡Qué diferente es este texto! Claro,  lo escribí en 2013, cuando ya llevaba 5 años en el Camino. Y seguiré con la esperanza…o tal vez no.

 

Yo tengo la esperanza de que esta sea la vez definitiva, que ya me sienta bien,  pero si lo pienso dos veces sé que no tengo,  que no debo pensar eso porque Él sufrió tanto para que ahora estemos aquí que yo no me veo con derecho siquiera a pensar que estoy sufriendo. Bueno, ya no… de hecho esto lo escribo porque quiero dejar constancia por escrito de la alegría de saber que Dios siempre está con nosotros; incluso cuando pensamos que nos ha dejado debemos gritar fuerte hacia nuestro interior, con un grito tan agudo que espante todos los malos pensamientos, que limpie el corazón. Porque ahí está Dios, y  merece estar en un sitio precioso y reluciente, porque claro, Él siempre está allí pero no creo que le agrade vivir en un sitio lleno de tristezas y de agobios. No, ese no es sitio para nadie, y menos para Él. He analizado que si yo pienso que cuando veo problemas a mi alrededor me pongo triste, ¿qué pensará Dios dentro de mi corazón si ve a su alrededor todos esos agobios y esas tristezas. Por eso le llevo pidiendo a Dios desde hace días, no que me quite el sufrimiento, pero si que me ayude a llevarlo con un poco más de alegría.  Como dice mi evangelio, sólo Dios puede con todas esas cargas. Él  no nos quiere llenos de problemas, quiere vivir en un corazón limpio, del que salgan ideas limpias para ayudar a los demás. Eso es lo único que Él quiere. 

 

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