La cadena

LA FE ES EL ALMA DEL AMOR

Papa Francisco

 

Pues yo   estoy de acuerdo. Porque estoy convencida de que todo amor necesita una fuerza motora que lo impulse Y como  creo haber dicho ya, no se pude amar sin amarse primero a uno mismo.Y para ello parece más que necesario  saber lo que uno   vale y creer en ello. Es decir. tener fe. Y teniéndola, podremos darla, enseñarla, amar.

¿Y dónde va a estar mejor la fe que en el alma? Porque el alma, cuya definición es complicada, lo que si es seguro es PURA. Y desde luego el verdadero amor ha de ser puro, sin esperar nada a cambio, sólo entregándonos a los demás. Así, igual que mi amor viene de la fe y ésta viene de mi alma, quien recibe mi amor alegra su alma, aumenta su fe, y así podrá, a su  vez. dar amor.

¡Menuda cadena guay eh!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

enseñafla, amar-

 

 

 

Pedir bien

El viernes vinieron mis sobris a comer y pasar la tarde. Esa noche tuve una cena. El sábado me fui a comer  fuera, y hoy domingo hemos sido 10 a la mesa, de ellos 4 niñas. Y diréis ¿y esto a qué viene? Pues viene, viene. Hasta hace unos años, pocos, me era impensable salir de cena si había tenido una comida el mismo día. Una salida ya bastaba para cansarme. Y ahora incluso tras comida y cena,  tengo comida los dos días siguientes. Y  aquí estoy, tan pancha. A muchos, esto les parecerá normal,  pero para mi no lo es. Pero eso sí, estoy dando continuamente gracias a Dios, porque me da las fuerzas necesarias para esto. Y ¿sabes por qué? Porque se las pido de corazón. Porque las necesito para mi día a día. Y si encima me valen para divertirme ¡uauuuu!

Haced lo mismo, pedid lo que de veras necesitéis, de corazón. Y ya veréis.

 

Veo II

 

¡Qué diferente es este texto! Claro,  lo escribí en 2013, cuando ya llevaba 5 años en el Camino. Y seguiré con la esperanza…o tal vez no.

 

Yo tengo la esperanza de que esta sea la vez definitiva, que ya me sienta bien,  pero si lo pienso dos veces sé que no tengo,  que no debo pensar eso porque Él sufrió tanto para que ahora estemos aquí que yo no me veo con derecho siquiera a pensar que estoy sufriendo. Bueno, ya no… de hecho esto lo escribo porque quiero dejar constancia por escrito de la alegría de saber que Dios siempre está con nosotros; incluso cuando pensamos que nos ha dejado debemos gritar fuerte hacia nuestro interior, con un grito tan agudo que espante todos los malos pensamientos, que limpie el corazón. Porque ahí está Dios, y  merece estar en un sitio precioso y reluciente, porque claro, Él siempre está allí pero no creo que le agrade vivir en un sitio lleno de tristezas y de agobios. No, ese no es sitio para nadie, y menos para Él. He analizado que si yo pienso que cuando veo problemas a mi alrededor me pongo triste, ¿qué pensará Dios dentro de mi corazón si ve a su alrededor todos esos agobios y esas tristezas. Por eso le llevo pidiendo a Dios desde hace días, no que me quite el sufrimiento, pero si que me ayude a llevarlo con un poco más de alegría.  Como dice mi evangelio, sólo Dios puede con todas esas cargas. Él  no nos quiere llenos de problemas, quiere vivir en un corazón limpio, del que salgan ideas limpias para ayudar a los demás. Eso es lo único que Él quiere. 

 

¡Veo!

Un escrito

30-3-07
Hoy me siento contenta, y no sé por qué. ¿Será porque hoy hace un día… cómo diría yo, hace un día…? ¿Será porque hoy, simplemente, hace un día? Simplemente me he despertado, simplemente he tomado el desayuno, simplemente me he lavado, simplemente he salido a la calle, he caminado, he reído, he regresado…
¿Será que, simplemente, todo esto, no sé por qué, no es tan simple?
Pues no lo sé, pero estoy contenta, y lo quiero escribir, hoy 30 de marzo del año 2007, quiero que se sepa que algo me impulsa a estar contenta; no sé lo qué es, pero ahí está, y es algo bueno, claro. Ojalá vuelva a leer estas líneas algún día sabiendo entonces por qué me siento así.

¡Y ya lo sé! Aún faltaba un año para que entrara en mi comunidad. No hablo de Dios, no sé por qué. Bueno, creo que si lo sé. Como he dicho mil veces, creo en Dios desde siempre. Incluso en varios escritos tras mi enfermedad le menciono como Mi Salvador. Pero creo que mis catequistas tienen razón cuando nos dicen que antes del camino estábamos ciegos.Veíamos a Dios, pero con otros ojos. Ojos de ciego. Que vuelve a ver. ¡¡¡¡Y vaya si veo ahora!!!!

papá

Hoy estrenan «La piel fría», la última película en que intervino papá como decorador. Recuerdo  bien cómo le veía dibujar los bocetos en su mesa, mientras él me repondía a mis preguntas ¿Qué es eso? ¿Qué es lo otro? Suave, como siempre, me explicaba lo que yo  iba preguntando .

Así era él, suave, dulce, sonriente. Con todos. Con todos.

¿Y sabeis lo que me decía con mucha frecuencia? «Ana, tenemos que dar gracias a Dios por todo lo que nos ha dado.»

Y eso hago yo cada día. Gracias por todo lo que me has enseñado, papá. Sobretodo a ser una buena persona. A amar y respetar a los demás. A transigir.

Te quiero, papá.

¡Qué grande es el Señor!

El texto que sigue lo escribí en marzo. Han pasado unos siete meses y han ocurrido muchas cosas. He tenido momentos muuuuuy bajitos. Pero Dios. como siempre, me ayudó a superarlos. Y puedo asegurar que, palabra por palabra, hoy   pienso exactamente igual.

 

Desde que me levanto hasta que me acuesto encuentro mil motivos para estar bien: para empezar bien el día, doy gracias a Dios por estar viva. Puede llegar a parecer para algunos un eufemismo si se vive en lugares tranquilos, pero piensa en un país en donde estar vivo es una proeza. Yo desde luego no me encuentro entre esos algunos, porque sé que si estamos vivos es únicamente porque Dios quiere.
Bien, aclarado esto, sigo.
Después de ese agradecimiento, hago cosas normales, siempre de acuerdo con mis limitaciones, que son unas cuantas. Pero ahora empieza lo bueno: todo, todo, todo, es motivo de alegría. Todo. Lógicamente ver cosas tristes, igual que a cualquier persona, me entristece. La diferencia es que todo lo demás, sin ser más que normal, me ilusiona. Como he estado tan chunga, todas esas cosas que antes no podía hacer -coger un vaso con agua, acercarlo a mi boca y beberlo; mirar una flor, y poder acercarme a olerla…–, ahora me maravillan. Y no sólo eso, sino que me está ocurriendo algo increíble. Todas las maravillas que ha hecho Dios, me fascinan. Hasta tal punto que descubro un nuevo mundo en cosas que llevan aquí desde siempre: miro una planta que lleva en mi casa desde antes de nacer yo, y por lo tanto veo cada día, y sin embargo , al haberle salido una hoja nueva, eso me conmueve de tal modo que se convierte en nueva creación… ¡Ojo !que yo no soy ninguna apasionada de las plantas, porque los que lo son, flipan con ellas; yo puedo alegrarme, pero es que ahora lo veo como un milagro. Que es lo que es. Como todo. Lo que pasa es que tratándose de cosas habituales, estamos tan acostumbrados que juzgamos lógica su presencia. Pero yo tengo la gran suerte de CREER en ese milagro y además poder disfrutarlo. Por eso -repito- desde que me levanto hasta que me acuesto vivo cada momento con alegría, incluso aquéllos que son tristes, Dios los aparta rápido de mi mente. Y sabes por qué? Pues porque todas las cosas tristes que está en mi mano el poder evitarlas, así lo hago. Y claro el Señor me está premiando.
Y mira que tengo motivos para YO estar triste. Pues ahora mismo, ni una pizca. Cero. ¡Qué grande es el Señor!

 

Miro tus ojos

 

Miro tus ojos y lloro,
Porque encuentro tu silencio,
Tus ojos tristes.
Desilusión. Eso es lo que encuentro.

¡Pero si no puedo verlos!
Y sin embargo, los veo.
No dejan de llorar,
Llanto por mí, llanto por todos.

¿Un poco de mí serviría?
¿Y de todos? ¡¿si?!
Ya no hay llanto, sólo alegría.
Ya no le veo, pero mejor aún, le siento.

Auswitz II

Ya voy más avanzada n mi libro. Gracias a Dios, estoy muy animada y positiva, porque las atrocidades que se cometieron allí son para deprimir a cualquiera. Pero, aun a riesgo de repetirme, quiero subrayar la fuerza de algunos, entre ellos el autor del libro,  para llevar este suplicio. Y,  repito ¡¡¡menuda lección de vida!!! Nos dice, nos ensaña, incluso nos OBLIGA a nunca quejarnos. Un ejemplo. Cuenta el autor que una noche vio a un compañero que dormido se removía porque tenía una pesadilla.  Quiso despertarle pero se frenó a tiempo  pensado que no había una pesadilla peor  que la de estar en el campo de concentración

Yo creo que si ellos aguantaron, NO_TENEMOS_DERECHO_A_SENTIRNOS_DESGRACIADOS_NUNCA. NUNCA.

 

¿Imposible? ¡Vengaaaa!

Esta mañana, tarareando una canción de hace mil años en la radio, me he dado cuenta de hasta dónde llega nuestra mente; me sé -nos sabemos- tropecientas canciones, con su letra y con su música, infinidad de números de teléfonos, otros tantos nombres que podemos identificar con perdonas concretas…¡Y todo en una cabeza, más grande o  más pequeña, pero más bien chiquita!. ¿Os dais cuenta del almacén de datos que tenemos acumulado?. Bueno, pues si eso está, porque todos sabemos que está, porque cada día lo experimentamos, aunque nos parezca imposible, por qué nadie se atrevería a negar la existencia de Dios alegando que creer en Él es imposible ¿Por qué? ¿Porque el mundo está patas arriba?  Y digo yo ¿Es que Dios tiene la culpa? ¿No será más bien el hombre quién la tiene? Además, a nosotros cristianos. saber -o creer- que Él existe, nos permite soportar carros y carretas  mientras esperamos la verdadera vida..

Así que nadie se atreva a negarle diciendo esto. Si no crees, no es porque sea imposible, sino porque no te atreves a pedírselo.

Una lección

Estoy leyendo un libro sobre un superviviente de Auswitz, como una biografía de su paso por el campo, y es insólitamente positiva. Todo el mundo ve el horror nazi, y se queda ahí, pero este hombre, por ahora -sólo llevo la mitad leída- desde su posición de psicólogo, trata de analizar la actitud de los reclusos, incluida la suya.

Y nos da con ello una lección enorme: Porque ¿Qué sabía él cómo acabaría? Tuvo suerte y se salvó. La cuestión es ¿Cuántos de nosotros nos creemos perdidos por uno u otro motivo, mientras este hombre, al que cualquiera juzgaría perdido, intenta encontrarse a través de lo único que le quedaba, su mente.

Bueno, pues nosotros cristianos, aprendiendo de él, saquemos fuerzas, y encontremos a Dios, que siempre nos  prestará su ayuda…si se la pedimos,, claro.