Eficacia

nada es más eficaz en la corrección como amar y ser amados

¡Qué frase magnífica de una homilía de Juan Crisóstomo. sobre que toda nuestra oración esté impregnada de gracia!

La frase parece sencilla, pero esconde una gran verdad. Y es que si bien es necesario dedicar nuestras oraciones a Dios, no lo es menos hablar a todo el mundo de su gracia impregnada -como dice el Apóstol-. Y como él dice también,   pueden ocurrir dos cosas: los demás pueden convencerse, o bien pueden recibir nuestro consejo negativamente. Ahí entra la eficacia de amar y ser amados. Si nuestra reacción es la de reprender a la persona, no obtendremos nada; ni ella ni yo. Pero si corregimos con amor  ¡Cuánto más eficaz será! La persona negativa, al verse amada, tendrá una reacción que, por mínima que sea, siempre despertará en su corazón un amor -innato en toda persona-   que hará que se sienta amada, y  que también nosotros nos sintamos amados. Y estarás de acuerdo en que si alguien te ama, será mucho más proclive a tus buenos consejos.

AMAR Y SER AMADOS

¿ves la eficacia?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Anuncio publicitario

Envidia de la mala

Das al vespertino/como al mañanero/son tuyas las horas/ y tuyo el viñedo.

Supongo que todos imagináis a qué parábola hacen referencia estos versos:…Pues si. A la del viñador que emplea para que trabajen en su viña a varios jornaleros; a unos los contrata a primera hora y a otros más tarde. El resultado es  que a todos les paga por igual. Pero los primeros pensaron que cobrarían más que los últimos, pues habían trabajado más tiempo. Y no. En resumen ¿Qué tenían?

ENVIDIA

¿y qué les contestó el viñador? Pago a todos por igual porque quiero. ¿Vas a sentir tú envidia porque yo soy bueno?

Analicemos. Desde un punto de vista humano, puede parecer lógico que gane más aquél que mas ha trabajado. Ahora bien, desde el punto de vista divino, que es el que aquí tratamos, hay una cosa clara como el agua. Dios  es misericordioso con todos. A tí y a mí nos perdonará nuestros muchos pecados. Probablemente  haya mucha gente con menos pecados que merezca mucho más ese perdón. Pero ¿acaso vamos a decir nada? ¡Seguro que no! Pues si Él perdona el mal de todos por igual, y no nos quejamos, ¿por qué lo haríamos si da el bien a buenos y malos, a peores o mejores?

Nunca sintamos envidia en ese aspecto, porque hasta con la lógica humana sería incorrecta. ¿Cuánto más con la divina?

 

 

A resguardo

He aprendido que no nos podemos pasar la vida pidiéndole cosas a Dios. Lo que hay que pedirle es fuerza para conseguirlas por nosotros mismos. Y es que desde el  principio el Señor nos concedió todo, me refiero claro, a todo lo que necesitábamos para vivir. Y con eso, el hombre habría sido feliz. Pero no fue así. Y ahora nos toca trabajarnos nuestra felicidad. Lo bueno es que Dios no se llevó nada, ¿Por qué? Porque  Él nos ama. Lo que hizo fue ponerla  a resguardo, con la esperanza (como ves, no sólo el hombre tiene esperanza en Dios, también Él la tiene en nosotros) de que algún día supiéramos encontrarla y disfrutarla, porque Él hizo este mundo precisamente  para que lo disfrutáramos, antes del otro. Y ¿dónde lo escondió que nunca lo encontramos?  Pues aquí al lado, muy cerca de nosotros, dentro de nosotros. Si, en nuestro corazón. El problema está en que siempre creemos que lo que nos hace felices son cosas que puede que nos llenen, pero por un momento sólo. Y la verdadera felicidad, la que Él nos guardó, la que dura y nos llenaría por siempre, la que nos llevaremos a la vida eterna, está en el amor al  prójimo. Y algo tan sencillo, tan cercano, tan productivo,  lo practicamos demasiado poco.

Pero la felicidad sigue esperando.

A resguardo.

En el corazón.

Y con fuerzas la obtendremos. Pidámoslas.

Carisma

Holaaaaaa!!!!!
Ya volví. Y lo primero que veo es que no funciona internet ¡¡vaya rollo!!
Y encima mi problema es que ya en Fitero y después también en Marbella, estuve bastante plof, y tenía ganas de contaros todo lo que he ido pasando y pensando durante todo ese tiempo porque creo que os será útil. Pero bueno, lo escribo y guardo en mi PC y ya lo transcribiré en cuanto pueda.

Cable desconectado. ¡Qué idiotez! Ya está.

Creo -espero- que la experiencia me va a hacer madurar porque ha sido especialmente dura, sobretodo en la playa. Pero no adelantemos acontecimientos. Primero debo explicar que si digo que sólo lo creo es porque si bien yo sé que el Señor de repente nos manda pruebas, mi estado, aún sin entender ni jota -ahí va el «creo»- tiene toda la pinta de ser una. Esas pruebas son para hacernos más fuertes. , aunque a priori no lo parezcan. Peeeeeeero… mi rayito de luz llegó cuando leí un correo que me manda con frecuencia un amigo sobre los cinco minutos del Espíritu Santo. En él se habla de un carisma que consiste en comunicarse con Dios a través del Espíritu Santo. Dice que esa comunicación se rige por un lenguaje que ni nosotros mismos comprendemos. Pero es una forma de hablar con Dios que hacemos cuando oramos, y sin saberlo casi, compartimos ruegos que nosotros le pedimos, y que El siempre escucha.
En la playa sufrí un episodio de envidia, para nada auténtica, hacia todo el mundo que se movía y disfrutaba, lo cual me acarreó una depresión que no me dejó disfrutar a mí. Pero eso sí, en ningún momento dejé de orar.
Por eso la lectura de que os hablo hace que me sienta tan esperanzada, pues confío en la misericordia de Dios, y mi continua oración, aún sin entenderla en algunas ocasiones, sé que dará sus frutos cuando Él así lo quiera.
Probablemente lo que me ha ocurrido puede pasarle, en situaciones distintas, a otros; que sepan que Dios, en todo lo que hace, siempre, siempre, siempre busca nuestro bien.